lunes, 7 de julio de 2014

EUNUCO



Un EUNUCO es un varón humano castrado.

La privación de los genitales externos masculinos emasculación o evisceración puede efectuarse de manera parcial o total. La manera parcial es la castración propiamente dicha, es decir la extirpación por corte o la inutilización por golpes de los testículos. Otra manera parcial es la extirpación por corte del pene. La manera total es cuando se mutila radicalmente, cortando pene y testículos.

Por relación directa, la palabra eunuco puede ser referida a hombres poco viriles o afeminados, y era una forma común de denominar a los homosexuales y transexuales durante el Imperio romano.

Históricamente, el convertido en eunuco, cambia así a una nueva condición de género social, quiere decir que la cultura en la que está inmerso el individuo, una vez producida la mutilación física de sus genitales externos, le asignaba un trato diferenciado.

A pesar que una consecuencia es una "feminización" que de lo hormonal afecta la distribución lipídica corporal, biológicamente el macho humano castrado no se convierte en hembra en el sentido que no se produce cambio genético. En cambio, socioculturalmente, el eunuco no es ya hombre ni tampoco es mujer, se le considera así de un nuevo género.

En la especie humana -como en todos los primates y mamíferos en general- la hembra o mujer tiene principalmente sus genitales ocultos y protegidos hacia el interior, mientras que en la disposición anatómica del macho o varón sus genitales principalmente están expuestos y desprotegidos hacia el exterior, siendo la parte más vulnerable del macho, expuesto a un dolor excruciante y agónico, siendo posible incluso la muerte del macho por el intenso dolor provocado por el estallido o aplastamiento de sus testículos. Por ello en la historia de la humanidad -aunque en un porcentaje ínfimo- son numerosos los hombres que han perdido accidentalmente sus genitales. Posibilidad física real que si se concreta es muy probablemente la experiencia más traumática en la vida de un hombre. El gran miedo a esta posibilidad ha sido motivo de importantes estudios, en especial psicoanalíticos desde Sigmund Freud.

Para Freud, el descubrimiento femenino y masculino del sexo opuesto, produce en las mujeres un sentimiento inicial de pérdida o carencia, y en los hombres un temor u horror a la pérdida. Es lo que Freud denomina Complejo de castración.

Enfermedades, accidentes o agresiones, para cualquier macho mamífero como el hombre mantienen la peligrosa posibilidad de una castración que los convertiría en eunucos. Entre las enfermedades que constituyen una grave amenaza, se encuentran el cáncer de testículos, el cáncer de pene, y algunas enfermedades venéreas entre otras. Entre las agresiones: las guerras, los celos, accidentes o el sometimiento moral y físico por otro macho más dominante son los motivos más habituales de la castración involuntaria.

Otro caso distinto sería la castración voluntaria. Aparte de los deseos de ser castrado, muy frecuente en los hombres pero pocas veces ejecutado, existe el caso más frecuente de castración por orden médica. El caso más habitual es el de hombres de cierta edad que padecen o tienen riesgo de padecer cáncer de próstata. La testosterona -hormona segregada por los testículos- puede disparar y acelerar este cáncer, por lo que, si el médico considera que el hombre ya no va a necesitar sus testículos para reproducirse, o que dicha función reproductora no vale más que la vida del paciente, puede prescribir la castración del paciente, incluso contra la voluntad de éste. Sólo en Estados Unidos se calcula que cada año unos 300.000 hombres son castrados por sus médicos como tratamiento del cáncer de próstata.

En la historia humana -aunque en otro porcentaje ínfimo- no dejan de ser numerosos los hombres que han perdido sus genitales en manos -literalmente- de otros hombres, en actos violentos como la guerra por ejemplo.

En la Grecia antigua eran muy temidas las Amazonas, un pueblo de feroces guerreras con una sociedad matriarcal, que según algunas versiones de la leyenda mataban o mutilaban hombres cuando no los necesitaban para la reproducción.

Son famosas las costumbres institucionalizadas de convertir hombres en eunucos que en etapas de su historia se practicaban en los imperios babilonio, chino, persa, bizantino, árabe y turco. En estos casos, los hombres socioeconómicamente acomodados del país, encomendaban a los eunucos especialmente el cuidado de las mujeres del harén. Algunos eunucos llegaron a ser importantes funcionarios y alcanzar una considerable influencia política, los más hábiles incluso se las ingeniaban para decidir políticas de Estado que afectaban las relaciones internacionales con los países vecinos. En estos países hubo eunucos que alcanzaron en lo social mucha fama, en lo económico muchas riquezas, y en lo político mucho poder.

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