miércoles, 16 de julio de 2014

EL CISMA DE LA IGLESIA CATÓLICA



El CISMA DE ORIENTE Y OCCIDENTE, o el Gran Cisma usado también para referirse al Cisma de Occidente, o en su menor medida conocido como Cisma de 1054, hace referencia a un conflicto de carácter religioso que ocurrió en el año 1054. En este conflicto se produjo la mutua separación y excomunión entre el máximo jerarca de la Iglesia católica, el Papa, Obispo de Roma, junto con los fieles y las instituciones eclesiásticas subordinadas a este, de los jerarcas eclesiásticos de las Iglesias ortodoxas conocidas en conjunto como Iglesia de Oriente u Ortodoxia, y de sus fieles, especialmente del principal de ellos, el patriarca ecuménico de Constantinopla.

En el año 589, durante el Tercer Concilio de Toledo, donde tuvo lugar la solemne conversión de los visigodos al catolicismo, se produjo la añadidura del término filioque traducible como "y del Hijo", por lo que el Credo pasaba a declarar que el Espíritu Santo procede no exclusivamente del Padre como decía el credo Niceno, sino del Padre y del Hijo al decir:

Et in Spiritum Sanctum, dominum et vivificantem, qui ex Patre Filio que procedit " y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo"

En el año 568 el nombre del Papa fue retirado de los dípticos del patriarcado de Constantinopla. Se discute todavía entre los historiadores cuál ha sido el motivo de este cambio. Una causa pudo ser el hecho de que el Papa Sergio IV había enviado al patriarca de Constantinopla una profesión de fe que contuviera el filio que y eso habría provocado la incomprensión de parte del patriarca.

Aunque la inserción del Filio que en el credo latino estaba en las diferentes liturgias europeas desde el siglo VI, y sobre todo en la carolingia desde el siglo IX, la liturgia romana no incluía la recitación del credo en la liturgia. En 1014 con motivo de su coronación como emperador del Sacro ImperioEnrique II solicitó al Papa Benedicto VIII la recitación del Credo. El Papa, necesitado del apoyo militar del emperador, accedió a su petición y lo hizo según la praxis vigente por entonces en Europa: de este modo, por primera vez en la historia el filio que se usó en Roma.

Según cuenta un historiador del tiempo, Rodolfo Glabro, la Iglesia griega quería en aquellos primeros años del milenio encontrar una especie de entendimiento con la Iglesia latina de manera que «con el consenso del Romano Pontífice la Iglesia de Constantinopla fuese declarada y considerada universal en su propia esfera, así como Roma en el mundo entero». Esto implicaba una doble forma de ser una sola Iglesia católica. El Papa Juan XIX pareció vacilante ante la propuesta de la iglesia griega lo cual le supuso recibir la recriminación de algunos monasterios que estaban por la reforma eclesial.

Un precedente del Cisma tuvo lugar en el año 857 cuando el emperador bizantino Miguel III, llamado el beodo, y su ministro Bardas, expulsaron de su sede de Constantinopolitana al removido patriarca Ignacio conmemorado hoy en día santo, tanto en la Iglesia ortodoxa, como en la Iglesia católica. Lo reemplazaron por un nuevo candidato para dicho puesto, Focio, quien en seis días recibió todas las órdenes de la Iglesia. Focio comenzó a entrar en desacuerdo con el Papa Nicolás, y recibió la entronización.

Hay muchas perspectivas y opiniones referente a la vida de dicho Obispo tanto en pro como en su contra, para los que no lo aprobaban en su primacía, fue descrito como "el hombre más artero y sagaz de su época: hablaba como un santo y obraba como un demonio"; en cuanto en su favor, fue reconocido como un "importante constructor de paz de la época", incluso el Papa Nicolás se refirió a él en sus "grandes virtudes y el conocimiento universal",3 poco tiempo antes de la muerte del Patriarca Ignacio, este había abogado para que Focio fuera restituido como su sucesor después de su segundo período, manifestando su alta estima y favor por este. Pero Focio fue destituido y desterrado a un monasterio en el 887. En todo caso, en su segundo período, obtuvo el reconocimiento formal del mundo cristiano en un concilio convocado en Constantinopla en noviembre de 879. Los legados del Papa Juan VIII asistieron, dispuesto a reconocer Focio como patriarca legítimo, una concesión por la que el Papa fue muy censurado por la opinión latina.

En el año 1054, el Papa León IX quien, amenazado por los normandos, buscaba una alianza con Bizancio, mandó una embajada a Constantinopla encabezada por su colaborador, el cardenal Humberto de Silva Candida, y formada por los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi. Los legados papales negaron, a su llegada a Constantinopla, el título de ecuménico al Patriarca Miguel I Cerulario y, además, pusieron en duda la legitimidad de su elevación al patriarcado. El patriarca se negó entonces a recibir a los legados. El cardenal respondió publicando su Diálogo entre un romano y un constantinopolitano, en el que se burlaba de las costumbres griegas y, tras excomulgar a Cerulario mediante una bula que depositó el 16 de julio de 1054 sobre el altar de la Iglesia de Santa Sofía, abandonó la ciudad. A su vez, pocos días después 24 de julio, Cerulario respondió excomulgando al cardenal y a su séquito, y quemó públicamente la bula romana, con lo que se inició el Cisma. Alegaba que, en el momento de la excomunión, León IX había muerto y por lo tanto el acto excomunicatorio del cardenal de Silva no habría tenido validez; añade también que se excomulgaron individuos, no Iglesias.

Existen múltiples conjeturas que hacen definir a dicha escisión, y una de ellas pretende suponerse de que el cisma fue más bien resultado de un largo período de relaciones difíciles entre las dos partes más importantes de la Iglesia universal: causas como las pretensiones de suprema autoridad el título de "ecuménico" del Papa de Roma y las exigencias de autoridad del Patriarca de Constantinopla.

El hecho resaltado fue que, el Obispo de Roma reclamaría autoridad sobre toda la cristiandad, incluyendo a los cuatro Patriarcas más importantes de Oriente. Este tema lleva contrastantes interpretaciones según de lo que viene a ser "la sagrada tradición apostólica" y "las santas escrituras": los Patriarcas y primados en comunión plena con estos, alegaban que, el Obispo de Roma solo podía ser un "primero entre sus iguales" o "Primus inter pares", dejando a la voluntad de Jesucristo la primacía infalible en toda la Iglesia y negar toda estructura piramidal sobre sus Iglesias hermanas. Por su parte, varios de los Papas contemporáneos a sobredicha fecha, pretenderían sostener sus preceptos religiosos, por ejemplo, en los escritos del obispo Ireneo de Lyon santo padre apostólico, el cual decía que "es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con la Iglesia hermana, por considerarla depositaria primigenia de la Tradición apostólica", dichos pontífices interpretarían como a dicha "Iglesia hermana" a Roma en su caso.

También tuvo gran influencia el Gran Cisma en las variaciones de las prácticas litúrgicas calendarios y santorales distintos y disputas sobre las jurisdicciones episcopales y patriarcales.

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