lunes, 17 de junio de 2013

TEOLOGÍA



La palabra teología viene del griego: estudio, razonamiento, significando: “El estudio de Dios” y, por ende, el estudio de las cosas o hechos relacionados con Dios es el estudio y conjunto de conocimientos acerca de la divinidad.

Este término fue usado por primera vez por Platón en La República para referirse a la comprensión de la naturaleza divina por medio de la razón, en oposición a la comprensión literaria propia de sus poetas coetáneos. Más tarde, Aristóteles empleó el término en numerosas ocasiones con dos significados:

Teología al principio como denominación del pensamiento mitológico inmediatamente previo a la Filosofía, en un sentido peyorativo, y sobre todo usado para llamar teólogos a los pensadores antiguos no-filósofos como Hesíodo y Ferécides de Siros.

Teología como la rama fundamental y más importante de la Filosofía, también llamada filosofía primera o estudio de los primeros principios, más tarde llamada Metafísica por sus seguidores y que para distinguirla del estudio del ser creado por Dios, nace la filosofía teológica que se la denomina también teodicea o teología filosófica.

San Agustín tomó el concepto teología natural, theologia naturalis de la gran obra «Antiquitates rerum divinatum», de Marco Terencio Varrón, como única teología verdadera de entre las tres presentadas por Varrón: la mítica, la política y la natural. Sobre ésta, situó la teología sobrenatural theologia supernaturalis, basada en los datos de la revelación y por tanto considerada superior. La teología sobrenatural, situada fuera del campo de acción de la Filosofía, no estaba por debajo, sino por encima de ésta, y la consideraba su sierva, que la ayudaría en la comprensión de Dios.

Teodicea es un término empleado actualmente como sinónimo de teología natural. Fue creado en el s. XVIII por Leibniz como título de una de sus obras: «Ensayo de Teodicea. Acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal», si bien Leibniz se refería con teodicea a cualquier investigación cuyo fin fuera explicar la existencia del mal y justificar la bondad de Dios.

El término teología, por tanto, no es inicialmente de origen cristiano. Sólo a través de un proceso progresivo se impone tanto en Oriente como en Occidente el uso cristiano del término «Teología». Para Clemente de Alejandría, indica el «Conocimiento de las cosas divinas». Para Orígenes expresa la «Verdadera doctrina sobre Dios y sobre Jesucristo como Salvador». Corresponde a Eusebio el privilegio de haber aplicado por primera vez el atributo theologos a Juan Evangelista, ya que en su evangelio escribió una «Eminente doctrina sobre Dios». A partir de él, la Iglesia Católica afirma que la teología indica la verdadera doctrina, la cristiana, en oposición a la falsa doctrina que enseñaban los paganos y los herejes

El término teología es una palabra compuesta que, en su significado literal, puede indicar un hablar de Dios, o bien un discurso sobre Dios. Si en términos generales la teología es una reflexión sobre Dios y en este sentido existe también una teología filosófica, en el sentido más corriente de la Iglesia Católica es una reflexión que intenta conocer y comprender la fe a partir de la razón. Así pues, la teología católica presupone la fe como fundamento experiencial e intenta en ella y a través de ella el conocimiento y la comprensión de la fe. En otras palabras, es una actividad intelectual, metódica y crítica que presupone la adhesión a la fe católica. Para indicarla sintéticamente, se resume a menudo a la fórmula de San Anselmo: "Fides quaerens intellectum": "La fe busca entender" la teología es la voluntad de la fe de comprender.

En la constitución del saber teológico católico pueden indicarse su objeto, sus fuentes y su lugar. El «Objeto» de la teología es Dios de manera directa, y el mundo y el hombre a la luz de Dios. Las «Fuentes del conocimiento teológico» y sus criterios de verdad son la razón humana y la revelación divina, de manera privilegiada. El «Lugar» de la teología es la Iglesia como comunidad de fe y de cristianismo.

De aquí deriva que la Iglesia tiene que poder establecer de forma autorizada criterios para la reflexión teológica. Según la Iglesia católica, la investigación y el trabajo teológico se inscriben dentro de un saber racional, cuyo objeto es dado por la «revelación» es decir, la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia bajo la autoridad del Magisterio, ya que es imposible evitar la mediación de la Iglesia, y acogida por la fe, importancia del asentimiento de la comunidad. La teología en algunos casos llegó a un alto nivel de especulación y elaboración. Este saber racional ha sido considerado ciencia por los teólogos y por no-teólogos en el pasado medieval y en épocas contemporáneas, aunque para otros del pasado o contemporáneos no es una ciencia. En gran medida, esto se explica porque el concepto de ciencia ha variado y aún en diferentes épocas no es homogéneo.

La Teología se pregunta acerca de la naturaleza, las propiedades y la esencia de Dios usando como fuente la Revelación y como método la lógica trinitaria. En este sentido la Teología es en su mayor parte cristiana, aunque también las religiones no cristianas tienen una respetable tradición teológica, pero basada en otros principios.

Las Iglesias cristianas y su Teología se fundan sobre dos misterios aceptados por todas: el misterio trinitario y el misterio cristológico.

El misterio trinitario es la doctrina que explica la existencia de un solo Dios en tres personas diferentes e identificables: Padre, Hijo y Espíritu Santo; La teoría del tres en uno. "La pluralidad en una unidad".

El misterio cristológico es la entera vida de Jesucristo, la segunda Persona o el Hijo: Su nacimiento, pasión, muerte y resurrección, por la que reconcilia a los hombres con Dios Padre. El misterio radica en la imposibilidad de entender cómo coinciden en la misma Persona dos naturalezas, la Divina, infinita y eterna, con la humana, finita y mortal, de manera que se dé por ejemplo la paradoja de que la misma Persona de Jesús, del viernes de crucifixión al domingo de resurrección, haya estado muerta como hombre y al mismo tiempo viva como Dios junto al Padre y al Espíritu Santo. Es el misterio de que sea, a partir de su nacimiento histórico, verdadero Dios y verdadero hombre.

Además, la teología se dedica también al estudio de otras cuestiones:

Eclesiología: sobre el papel de la Iglesia misma dentro del plan de la salvación divina.

Escatología: trata sobre el destino último de la Iglesia, así como de las realidades últimas de cada persona como de la humanidad en general.

En el medioevo surgieron múltiples cismas en torno a la naturaleza de Cristo y en referencia a la virginidad de María, Mariología. Con respecto a ésta última, la controversia en parte giraba en que en Mateo 1:23 el ángel anuncia el nacimiento en condición virginal, mientras que Isaías en su profecía alude a una almah que en hebreo significa niña o jovencita, pero no a una bethulah que significa virgen. Éste es un pequeño ejemplo de las dificultades de la teología, al tener que encontrar la no contradicción entre los argumentos filológicos y filosóficos, y las afirmaciones dogmáticas del Magisterio de la Iglesia católica, sostenidas por ser «Asistidas por el Espíritu Santo».

El primer milenio está caracterizado por la unidad entre el saber teológico y el ministerio pastoral de los obispos. Los teólogos son los grandes doctores de la Iglesia. Y éstos, con algunas excepciones, son obispos. El magisterio del obispo se desarrollaba siendo teólogo y viceversa; poniendo de manifiesto la unidad y la complementariedad de las dos funciones. La teología era considerada como comentario y esfuerzo de penetración en la Palabra de Dios para poderla vivir concretamente.

En Occidente, es sobre todo Agustín el que mantiene con vigor el sentido religioso de teología: se comprende la teología como el esfuerzo por penetrar cada vez más en la inteligencia de la Escritura y de la Palabra de Dios. Anselmo de Aosta avanza en la comprensión de la teología y crea el principio básico de la teología: "Quaero intelligere ut credam, sed credo ut intelligam" busco entender para creer, pero creo para poder entender.

La aparición de las primeras universidades en el siglo XII y el comienzo de la distinción en los estudios escolásticos llevará a la teología a convertirse en cuestionamientos y sentencias sobre la fe. Se convierte así en una forma de conocimiento racional del «Dato revelado». Lo que la fe acoge como don, la teología lo explica utilizando las leyes de la comprensión racional. Los teólogos se identifican con los grandes maestros de las universidades y las órdenes monásticas se convierten en la cuna privilegiada para su formación. La identificación entre obispo y teólogo es ya sólo una excepción. La doctrina crece en la comprensión gracias a la ayuda de la razón, pero, sin embargo, comienza la primera gran división entre las escuelas teológicas, es decir entre modos distintos de comprender y explicar la misma fe.

Se percibe una acepción particular de la palabra «Teólogo» a partir del siglo XIX. La teología, comprendida casi exclusivamente como justificación de la doctrina del Magisterio, identifica al teólogo como a aquel que apoya esta doctrina del Magisterio tanto a la luz de los principios teóricos de la filosofía como en el plano de la investigación histórica. De todas formas, su función se ve reducida a la de comentador.

El Concilio Vaticano II 1962-1965, ha promovido una teología más animada por la Escritura y más en contacto con la vida eclesial. Así pues, la teología sigue estando anclada en la revelación como fundamento suyo y a la fe como su inteligencia crítica, para que la vida de fe del creyente pueda ser motivada y significativa.

 

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