El PULQUE es una bebida alcohólica fermentada tradicional de México,
cuyo origen es prehispánico y se elabora a partir de la
fermentación del mucílago-
popularmente conocido en México como aguamiel-,
del agave o maguey especialmente del maguey
pulquero Agave
salmiana o del Agave
atrovirens; en el lengua otomí se le conoce como ñogi y en la lengua purépecha, como urapi.
Aunque su consumo se da en toda la
República Mexicana -y partes de los Estados Unidos-, las entidades federales
mexicanas donde destaca su cultivo y consumo son el Distrito Federal, el estado de Hidalgo, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis
Potosí, Tlaxcala y Veracruz.
El pulque fue representado en relieves
tallados en piedra por los indígenas mexicanos desde el año 200 d. C., pero se
desconoce su origen, el cual se pierde entre leyendas y mitos prehispánicos. La
más conocida de todas ésas tradiciones tiene su origen en la cultura
tolteca, durante el gobierno de Tecpancaltzin,la cual dice
que en 1340 un noble llamado Papantzin descubrió, gracias a un ratón ebrio,
los métodos para extraer el aguamiel y luego obtener el pulque, motivo de la
caída de Ce-Acatl-Topiltzin Quetzalcóatl,
quien tuvo que abandonar Tula.
Una leyenda indica que el tlacuache se lo regaló a los hombres; otra lo
menciona como un regalo de la diosa náhuatl Mayáhuel,
quien enseñó a una joven noble de nombre Xóchitl a elaborarlo. Gracias a ese
regalo su padre, el cual se encontraba molesto por que el enamorado de su hija
era un campesino de nombre Tecpalcatzin, dejó que el amor de su hija
prosperase; ésta leyenda tiene otra variante donde Papantzin y Xóchitl son padre e hija y ellos lo
descubren, posteriormente llevan el pulque como regalo al tlatoani Tecpancaltzin, quien se
enamora de Xóchitl y la embaraza.
Existen estudios modernos en donde
describen que su primer uso data desde el siglo IV A.C. en el valle de Tehuantepec o en el valle de Apan,
donde fueron descubiertos raspadores en la zona arqueológica de Huapapalco, Hidalgo.
Algunos instrumentos prehispánicos para uso médico se han encontrado con
rastros de pulque en Xochipala, Guerrero, y se han datado entre los años 1,200
a 900 a. C.
Varios
códices prehispánicos inmediatos a la Conquista representan ceremonias o los
procedimientos de obtención del pulque, como en elCódice Tudela. Entre los
indígenas mexicanos, los mexicas tenían
las reglas más estrictas para el consumo del pulque, el cual estaba
estrictamente prohibido para los menores de sesenta años y que no hubieran cumplido
los deberes con su pueblo por ejemplo, si un joven era encontrado ebrio o
tomándolo la primera vez se le rapaba la cabeza como castigo, en la segunda
ocasión era castigado con la muerte por medio de golpes o asfixia, mientras que
a los ancianos se les permitía embriagarse durante las fiestas dentro de su
casa; si alguien lo hacía en público y constantemente, se les castigaba con la
destrucción de su casa, entre otras sanciones.
Las primeras referencias escritas del
pulque son narradas por Hernán Cortés y
Fray Bernardino de Sahagún; el primero lo
menciona en su carta del 15 de octubre de 1524 dirigida al emperador Carlos I de España como Pulque, es un vino que ellos
beben; en referencia a los productos que se pueden obtener de la Nueva España;
el segundo, describe dos tipos de pulque: uno llamado Ayuctli o “Pulque de
Agua” que se obtenía del cocimiento de miel, agua y la raíz del maguey y se servía como sustituto para evitar
la embriaguez exagerada en las fiestas; el otro llamado Íztac Utli o “Pulque
Blanco” era el pulque real que, como medicina, se recomendaba beber a la
mujeres cercanas al parto y lactando. El pulque también era usado en ciertas
ceremonias y se daba a los cautivos próximos al sacrificio. El nombre español
de la bebida Pulque es una mala interpretación española de octli
poliuhqui "licor
descompuesto", término náhuatl usado para describir un pulque
demasiado fermentado y causante de embriaguez rápida por su alto contenido
alcohólico y no por estar en mal estado. En la zona central de México en lengua
náhuatl se le conoce como octli.
Durante la Colonia el consumo del
pulque se liberó de su carga sacramental y las rígidas leyes indígenas sobre la
embriaguez, pese a que nunca estuvo liberado de regulación. Durante el siglo
XVI y parte del siglo XVII su consumo era, preferentemente, entre los indígenas
y mestizos, pero las leyes de los indígenas se olvidaron rápido; se volvió muy
popular entre todas las clases sociales; su consumo se elevó y la corona debió
dictar leyes que menguaran su consumo y los efectos adversos que producía entre
la población: peleas, asesinatos, hurtos, etc. En 1607 se dictaron algunas de
las primeras reglamentaciones que solicitaban que los vendedores del pulque
fueran solo mujeres una por cada 100 indios, que no fueran viciosas o
sirvientas de algún español o noble indígena, regulación que no fue práctica y
pronto se olvidó.
El comercio del pulque fue un gran
negocio, pero siempre se realizaba a nivel local, se desconocían métodos para
cortar su fermentación hasta volverse como vinagre o su contaminación con
bacterias que produjeran infecciones estomacales, por eso los centros de
producción y consumo se encontraban muy cercanos, y su producción era a baja
escala hasta que en 1572 los jesuitas se
percataron de que podían hacer de ello un negocio lucrativo para sostener sus
obras, y con cierta rapidez empezaron a adquirir tierras semidesérticas por
todo el rededor de la ciudad de México, sobre todo en el valle de Apan a donde llevaron la producción del pulque
a niveles industriales.
Esto dio como resultado la fundación
de las primeras haciendas pulqueras de México, las cuales para los estándares
del siglo XIX eran pequeñas, esas haciendas en el valle de Apan y al poniente del valle de
México, como la hacienda del Santo
Desierto de Jesús del Monte que
se extendía desde Cuajimalpa hasta Azcapotzalco,
hizo que otros españoles y nobles indígenas se dedicaran al negocio, pero sin
mucho éxito los últimos ya que los jesuitas no compartieron sus secretos para
llevar lejos la bebida, en aquellas épocas un viaje a del valle de Apan a la ciudad de México o a la ciudad de Puebla tardaba al menos dos días, pero los
jesuitas debieron dejar el negocio al ser expulsados en 1767, tras lo cual sus
propiedades cayeron en manos de la Corona o particulares, ese negocio tan
lucrativo creo la necesidad de fundar garitas y facilidades varias para
comercialización, por eso se especializaron puntos para el cobro de los
impuestos por ejemplo en la ciudad de México se abrió la Garita del Pulque que se encontraba al oriente de la ciudad de México por el desembarcadero de San Lázaro,
lo que permitía transportar por medio de barco desde el centro del valle de Cuautitlán hasta esa garita donde el gobierno de
la Nueva España podía cobrar los impuestos mientras al
interior de la ciudad el Ayuntamiento de México cobraba a los establecimientos donde
se expendía, las llamadas “Pulquerías” además producían fuentes de ingreso
extra, a su exterior se establecían mujeres que vendían comida a los
consumidores de la bebida y esos comercios también pagaban impuestos. Para la
Corona el impuesto era cobrado por la Real Hacienda que en ciudades grandes
como México o Puebla, a unas taza entre 1763 y 1766 de un
real por arroba, fuera de esas grandes ciudades el control era más difícil y se
dejaba a los ayuntamientos locales su cobro que variaba de lugar a lugar, por
eso en muchas localidades, por no decir todas, se estableció el cobro de un
impuesto por cada planta de maguey que se cultivaba, siendo mayor el pago
en cuanto mayor fuera la planta.
El pulque se extrae de diferentes
tipos de magueyes, los
cuales pueden recibir una gran variedad de nombres, independientemente de la
especie o de la edad que tienen; entre esos nombres se cuenta el maguey
manso, el cenizo, el ayoteco,
el cimarrón, el tempranillo. En cualquier caso, los
magueyes se reproducen por medio de hijuelos, llamados en la jerga propia del
oficio mecuates, que nacen de plantas adultas en número de hasta 50.
Cuando los mecuates tienen un metro o más de altura a los tres o cinco años, un
poco antes de que inicien las lluvias estacionales son desenterrados junto con
sus raíces y dejados al sol por unos treinta días; luego son trasplantados, y
dejan entre cada uno una distancia de 2 a 5 metros. En forma más moderna se usa
el procedimiento por almácigo en viveros y más modernamente por
medio de procedimientos in vitro.
Luego de eso, debe cuidarse el maguey
por espacio de al menos diez a quince años y hasta veinte o treinta años;
cuando alcanza su madurez y muestra signos de que adelgaza su cogollo o meyolote; sus hojas exteriores pencas
pierden espinas de sus bordes interiores y las pencas muestran sus extremos
doblados ligeramente hacia el centro de la planta, mientras sus púas terminales
se hacen más agudas y toman una coloración más oscura. Este detalle es más
marcado en la púa de la penca más externa del cogollo.
Estas características deben ser
cuidadosamente observadas y registradas; si se quita el cogollo fuera de
tiempo, antes o después, la productividad del maguey puede mermar mucho; si se
hace fuera de tiempo, se dice que se “quebró el maguey”; si se hace a tiempo,
se dice que se hizo “al hilo”, por ser un procedimiento sobre todo artesanal;
la recomendación sobre el momento del año para castrar el maguey depende de la
experiencia de cada tlachiquero;
el llamado tlachiquero del náhuatl "rasguño", por
"raspar" o "rasguñar" el corazón del maguey es quien hace
todo el trabajo en el campo. Este trabajador especializado es quien usa una
barreta, un palo de encino y un machete de punta redonda para cortar el
cogollo con mucho cuidado, deja al interior del mezontete también llamado “jicama” o “piña” de
la planta un hueco que recibe el nombre de “huevo, corazón, meyolote o cajete”.
Para eso, se apoya en la barreta y el palo de encino; al terminar, se hiere el
interior del huevo para hacerlo sudar el aguamiel;
otra forma consiste en cortar una especie de puerta al interior del cogollo
para luego hacer el huevo; eso recibe el nombre de “cajete”. En ambos casos se
raspa el interior con el tlachique y se tapa el huevo o cajete con una penca,
una roca o ambos, para evitar la entrada de animales o la lluvia; luego se deja
“podrir” el maguey por 4 a 10 días, durante los cuales se revisa diariamente
para ver cuánto aguamiel acumula, sin dejar que se derrame. En
la explotación industrial es común llevar un registro de los magueyes; por eso
se pueden ver banderas, marcas en las pencas u otro medio similar para llevar
el registro.
Al término de ese tiempo que se marca
por el primer llenado pleno del huevo; se procede a vaciarlo con algún pocillo
y luego, por medio de una especie de cuchara llamada tlachique se raspa el interior del huevo, con lo
que se logra que el maguey sude su aguamiel.
Pasados uno o dos días el huevo o cajete se vuelve a llenar de aguamiel,
pero en esta ocasión ya es útil; para su vaciado, los tlachiqueros usan
tradicionalmente un instrumento llamado acocote,
que es la piel seca de una calabaza producto de una cucurbitácea,
de una forma alargada con un máximo de un metro de largo y cinco a diez
centímetros de ancho; esa calabaza se deja secar y luego se hacen dos huecos no
mayores de un centímetro de ancho en sus extremos, por donde se sacan las
semillas y otros elementos de la calabaza.
El proceso con el acocote inicia
quitando la película que se forma sobre el aguamiel con el pocillo; luego se
introduce la parte más delgada del acocote al cajete o huevo del maguey; luego,
poniendo la boca en el hueco superior del acocote, se succiona haciendo un
vacío en el acocote, por lo que el líquido llena su interior; cuando siente que
tiene suficiente, extrae el acocote y tapa el hueco inferior con un dedo, y deja
luego de esto de hacer el vacío, lo cual es un gran esfuerzo pulmonar; luego
vacía el contenido del acocote en una cuba u objeto similar, el cual debe tener
tapa. Antiguamente se usaban los llamados “cuero”, que se fabricaban con cuero
de cerdo o cabra; el primero era más usado, se hacía de cerdos muy cuidados
para que no tuvieran heridas o puntos débiles; al sacrificarlos se cortaba la
piel con cuidado alrededor del cuello, patas y cola; luego de meterlos en agua
caliente se despellejaban con mucho cuidado para no romper la piel y obtener
una especie de mono; se volteaba la piel y se raspaba quitando la grasa y carne
que sobraba, luego de lo cual se curtía con diferentes técnicas; de esta manera
se lograba una bolsa impermeable. Para esto, se cerraban los huecos de las
patas y la cola con cuerdas que se apretaban.
Esto último es lo que se llamaba
“raspado” o “raspa”, ya que, luego de sacar el aguamiel, se volvía a usar el
tlachique para hacer que sudara de nuevo el maguey. Esto se repite a diario
durante su vida productiva, que habitualmente dura un mes. Por lo general, cada
tlachiquero puede raspar entre sesenta y ochenta magueyes al día, en dos
turnos, mañana y tarde, que recibe el nombre de tanda.
En ese mes cada maguey puede generar entre 500 y mil litros. El aguamiel recolectado se lleva a un depósito
llamado tinacal del
náhuatl tinacalli o “casa de las tinas”, lugar donde se
hace la fermentación. En el tinacal industrial se usan cubas grandes de acero
inoxidable o algún material similar, mientras que en los lugares más
tradicionales se emplean recipientes grandes de madera encino, por lo
regular, en los cuales se vierte el aguamiel pasándolo por medio de un filtro
de tela apretada que evite el paso a pedazos de maguey u otro contaminante;
antiguamente el filtro se hacía con las fibras de pencas.
Luego de revisar que no existan
materias extrañas, se deposita en su interior la llamada levadura,
que se obtiene de pulques ya fermentados; esta puede recibir el nombre de muñeca cuando se usa un trapo nuevo y limpio
de algodón para poner en el aguamiel la levadura; en otros casos solo se vierte
un poco de pulque ya fermentado; un nombre más tradicional para la levadura es opactli o medicina del maguey;
cuando se hace la producción a nivel industrial se tiene habitualmente una tina
o tinacal especial, donde se tiene una parte reservada especialmente para servir
de semilla; ese “pulque madre” es especialmente cuidado, y se mantiene en
recipientes pequeños de cuero de res, madera y más modernamente fibra de vidrio
o acero inoxidable.
El consumo
del pulque tiene toda una tradición. En los locales donde se expende
tradicionalmente, las llamadas pulquerías, es imprescindible la
presencia de alguna botana, como lo puede ser desde una generosa cantidad de guacamole con
tortillas, hasta la venta de los carísimos gusanos de maguey y
caracoles "panteoneros". Por otro lado, existen una serie de rituales
y maneras para consumir el pulque. Así, de inicio, se puede tomar combinado con
la pulpa de diferentes frutas y endulzado con miel: una especie de coctel al
que se le da el nombre de curado,
como el simple y barato curado de tuna roja llamado sangre de conejo hasta los muy caros
y de categoría curado de piñón rosa, o bien el natural, denominado popularmente como
curado "de ajo", por el juego de palabras "par-a jodido" pobre,
ya que es el más barato. En el aspecto gastronómico, es el elemento alcohólico
indispensable de la tradicional salsa borracha, además de que forma parte de las recetas de varios
tipos de carnes y caldos.
El maguey es una de las plantas más
sagradas en México y tiene un lugar prominente en la mitología, rituales
religiosos y en la industria. En los Estados Unidos se le conoce como century
plant, y en ocasiones se le confunde con los cactus o nopales. La palabra maguey está vinculada con la voz Mayahuetl o Mayáhuel,
divinidad femenina asociada con la planta misma y con la embriaguez. Una
tradición la relaciona con Quetzalcóatl:
el dios le pide a Mayáhuel que lo acompañe al mundo y al estar en
la tierra ambos se convierten en un árbol de dos ramas, lo que sugiere una
fusión plena de las dos divinidades. La abuela de Mayahuel llegó al lugar con
las Tzitzimime, entidades temibles de los aires, se acercaron al árbol,
cortaron la rama que correspondía precisamente a Mayáhuel y la comieron. Cuando
Quetzalcóatl recobró su forma, recogió los restos de Mayahuetl y los enterró:
de ellos surgió el maguey.
Fray Bernardino de Sahagún refiere una versión más: Mayahuel es el nombre de la primera mujer que
perforó los magueyes para extraer el aguamiel,
base del pulque. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl agrega otra: a Quetzalcóatl se le conoció como Ce Acatl Topiltzin, último
rey de Tula; en esta versión es hijo de Tecpancaltzin Iztaccaltzin, cuya mujer fue
Xóchitl, considerada también la descubridora del pulque.
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