jueves, 26 de marzo de 2015

DIÓGENES



DIÓGENES es el sabio cínico más cautivante, al punto que su figura se ha convertido en una leyenda. Vivía en un tonel. Su aspecto era descuidado y su estilo burlón. Era en extremo transgresor. Platón llegó a decir de él que era "un Sócrates que se había vuelto loco".

Nació en Sínope, en la actual Turquía, en el año 413 a.C. Por cuestiones económicas fue desterrado de su ciudad natal, hecho que tomó con cierta ironía: «Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse.» Fue así que anduvo por Esparta, Corinto y Atenas. En esta última ciudad, frecuentando el gimnasio Cinosargo, se hizo discípulo de Antístenes. 

A partir de entonces adoptó la indumentaria, las ideas y el estilo de vida de los cínicos. Vivió en la más absoluta austeridad y criticó sin piedad las instituciones sociales. Su comida era sencilla.

Dormía en la calle o bajo algún pórtico. Mostraba su desprecio por las normas sociales comiendo carne cruda, haciendo sus necesidades fisiológicas, manteniendo relaciones sexuales en la vía pública, y escribiendo a favor del incesto y el canibalismo. 

Se burlaba de los hombres cultos —que leían los sufrimientos de Ulises en la Odisea mientras desatendían los suyos propios— y de los sofistas y los teóricos —que se ocupaban de hacer valer la verdad y no de practicarla—. También menospreciaba las Ciencias la Geometría, la Astronomía y la Música que no conducían a la verdadera felicidad, a la autosuficiencia.

Sólo admitía tener lo indispensable. Cuentan que un día, viendo que un muchacho tomaba agua con las manos, comprendió que no necesitaba su jarro y lo arrojó lejos.

En otra ocasión, cuando estaba en Corinto, el mismísimo Alejandro Magno se le acercó y le preguntó: «¿Hay algo que pueda hacer por ti?», a lo cual Diógenes le respondió: «Sí, correrte. Me estás tapando el sol.» 

En una oportunidad salió a una plaza de Atenas en pleno día portando una lámpara. Mientras caminaba decía: «Busco a un hombre.» «La ciudad está llena de hombres», le dijeron. A lo que él respondió: «Busco a un hombre de verdad, uno que viva por sí mismo, no un indiferenciado miembro del rebaño»

Una vez, al ver cómo unos sacerdotes llevaban detenido a un sacristán que había robado un copón, exclamó: «Los grandes ladrones han apresado al pequeño.» Cuando necesitaba dinero para comprar comida, se lo reclamaba a alguno de sus amigos y, si éste se demoraba, le decía: «Te pido para mi comida, no para mi entierro.»

Durante un viaje en barco fue secuestrado por piratas y vendido como esclavo en Creta. Los vendedores le preguntaron para qué era hábil y él contestó: «Para mandar»

Lo compró Xeniades de Corinto y le devolvió la libertad convirtiéndolo en tutor de sus hijos.

Como vivía en la vía pública, algunos jóvenes solían acercársele para molestarlo. En más de una oportunidad tuvieron que alejarse corriendo porque Diógenes los atacaba a mordiscones, como un perro.

Al igual que su maestro Antístenes, Diógenes reconocía que era necesario entrenarse para adquirir la virtud, la impasibilidad y la autarquía.

Y, como su maestro, tomaba como modelo a Hércules, quien vivió según sus propios valores. Se consideraba ciudadano del mundo y sostenía que un cínico se encuentra en cualquier parte como en casa.

Diógenes escribió varias obras, probablemente en forma de aforismos, que se han perdido.

Murió en Corinto en el año 327 a.C. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento; otros que falleció por las mordeduras de un perro; y otros que murió como consecuencia de una intoxicación por comer carne de pulpo cruda.

miércoles, 25 de marzo de 2015

REY ARTURO



El REY ARTURO, también conocido como Arturo de Bretaña, es un destacado personaje de la literatura europea, especialmente inglesa y francesa, en la cual se lo representa como el monarca ideal tanto en la guerra como en la paz. Según algunos textos medievales tardíos, Arturo fue un caudillo britano que dirigió la defensa de Gran Bretaña contra los invasores, sajones a comienzos del siglo VI. Su historia pertenece principalmente al folclor y a la literatura, pero se ha planteado que Arturo pudo haber sido una persona real o, al menos, un personaje legendario basado en una persona real.

Las primeras referencias a Arturo se encuentran en las literaturas célticas, en poemas galeses como Y Gododdin colección de poemas elegíacos a los héroes del reino de Gododdin. El primer relato de la vida del personaje se encuentra en la Historia Regum Britanniae, Historia de los reyes británicos, de Geoffrey de Monmouth, quien configuró los rasgos principales de su leyenda. Monmouth presenta a Arturo como un rey de Gran Bretaña que derrotó a los sajones y estableció un imperio en las islas británicas. En su relato aparecen figuras como el padre de Arturo, Uther Pendragon, y su consejero, el mago Merlín, además de elementos como la espada Excalibur. También menciona el nacimiento de Arturo en Tintagel, así como su batalla final contra Mordred en Camlann y su retiro posterior a la isla de Ávalon junto con el hada Morgana, alumna de Merlín.

A partir del siglo XII, Arturo fue el personaje central de un conjunto de leyendas conocido como materia de Bretaña, en la que figura como personaje de numerosos romances en francés. Chrétien de Troyes añadió otros elementos esenciales a su leyenda, entre ellos la figura de Lanzarote del Lago y el Santo Grial. Después de la Edad Media, la literatura artúrica experimentó un cierto declive, pero resurgió durante el siglo XIX y continúa viva a comienzos del siglo XXI, tanto en la literatura, como en otros medios. De entre todas las versiones del relato, la más leída de las antiguas es La muerte de Arturo, de Thomas Malory, que es, en palabras de L. D. Benson, «la única obra literaria inglesa escrita entre Chaucer y Shakespeare que aún hoy en día es leída con renovado fervor y placer».

No existen testimonios arqueológicos fiables que permitan certificar la existencia histórica del rey Arturo. A finales del siglo XII, los monjes de Glastonbury supuestamente hallaron en una tumba una cruz con una inscripción latina que identificaba a los allí inhumados como Arturo y su esposa, Ginebra. Se trató, sin embargo, de un fraude relacionado con la Historia Regum Britanniae de Monmouth con la probable finalidad de aumentar la afluencia de peregrinos a la localidad. Recientemente, en 1998, el profesor Christopher Morris, de la Universidad de Glasgow, halló en Tintagel una pizarra con una inscripción, muy probablemente del siglo VI, que contiene el nombre latinizado «ARTOGNOU», que corresponde al céltico Arthnou. Sin embargo, no puede afirmarse que esta pieza constituya en modo alguno una prueba de la existencia de Arturo.

Dada la ausencia de testimonios arqueológicos, se hace necesario recurrir a las fuentes literarias. La idea de que Arturo fue una figura histórica real proviene principalmente de dos documentos medievales: la Historia Brittonum Historia de los britanos y los Annales Cambriae Anales de Gales. El primero data del siglo IX y el segundo del X. Ambos son, por lo tanto, fuentes considerablemente tardías, ya que, si Arturo realmente existió, habría vivido en el siglo VI.

La Historia Brittonum es una obra histórica del siglo IX escrita en latín y atribuida tradicionalmente a un clérigo galés llamado Nennius, aunque esta atribución ha sido puesta en duda. La obra menciona a un jefe militar dux bellorum llamado Arturo, que combatió contra los sajones, y explica que intervino en 12 batallas, de las cuales la última es la del Monte Badon, una importante victoria de los bretones en la que supuestamente Arturo habría matado con sus propias manos nada menos que a 960 enemigos.

Recientes estudios han cuestionado la fiabilidad de la Historia Brittonum como fuente histórica. Debe tenerse en cuenta que esta primera mención del personaje dista al menos tres siglos de la época en que presuntamente vivió.

Por otro lado, ninguno de los historiadores que escribieron sobre esta época con anterioridad, como Gildas, en el siglo VI, o Beda, en el VII, mencionan a Arturo. En concreto, Gildas se refiere también a la victoria de los bretones en Monte Badon, pero el jefe de los bretones que aparece en su crónica no es Arturo, sino Ambrosius Aurelianus.

BIRRETE



El BIRRETE es un gorro con forma prismática rematado con una borla, usado en actos ceremoniales, por magistrados, jueces, letrados, abogados y componentes de la comunidad universitaria en ocasiones solemnes. El mismo consiste en un panel horizontal de forma cuadrada fijado a un casquete, con una borla fijada a su centro. Por lo general, es de color negro si bien también los hay de colores marfil, azul y blanco.

El birrete junto con la toga y a veces una capucha, se han convertido en muchas partes del mundo en el uniforme usual de un graduado universitario. Originalmente su uso estaba reservado en ambientes académicos norteamericanos para los poseedores de un grado de máster, pero luego fue adoptado por los bachilleres.

El birrete se cree ha evolucionado de la birreta, un gorro similar utilizado por los clérigos cristianos, aunque existen quienes creen que en realidad podría ser al revés. Ambos gorros tienen sus orígenes en el pileus quadratus de épocas romanas, un tipo de casquete con un cuadrado adosado.

Birrete es la traducción de la voz italiana berretto, que a su vez está emparentada con la palabra latina birrus y el griego pyrròs, ambas con el significado de rojo pues a los esbirros se les identificaba por el color rojo de la capa que les servía de uniforme. La gorra pequeña y cónica, roja o rara vez, negra que guarda un cierto parecido con el antiguo tutulus etrusco y el pileus romano, se usó en los siglos XIV y XV para identificar a humanistas, estudiosos, artistas, jóvenes y adolescentes. La forma y el color siempre han encarnado varios significados, y el rojo fue considerado, durante mucho tiempo, el color del poder por la dificultad de obtener tintes tan sólidos y brillantes como la púrpura escarlata. No es casualidad, por tanto, que el gorro de capitán aparezca con tanta frecuencia en los cuadros de la época como en el famosísimo retrato de Federico de Montefeltro de Piero della Francesca, con su sombrero de color rojo. Según cuenta el Campano en la Vida de Niccolò Fortebracci fallecido en 1435: llevaba una gorra roja y redonda, que cuanto más se levantaba de la cabeza más se iba alargando.

Tanto Federico de Montefeltro como el Fortebracci fueron condotieros. Con el mismo sombrero se ha representado a Bartolomeo Colleoni 1400-1475, que ostentó el mando supremo de los ejércitos venecianos en1454, al duque Ludovico III Gonzaga (en la Cámara de los Esposos, Palacio Ducal de Mantua) y a John Hawkwood en el Monumento ecuestre de Paolo Uccello. Ese tipo de sombrero que llevaban los nobles italianos en la segunda y tercera décadas del siglo XV, representaba un símbolo de poder militar y civil.

En España desde la segunda mitad del siglo XII, el sombrero cotidiano del Rey y de la más encumbrada nobleza española y por tanto también los justicias del rey, era el birrete de ceremonia, el gorro cilíndrico, pilón tantas veces reproducido en las miniaturas de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio

Se han salvado de aquella época dos objetos reales: el birrete de Fernando de la Cerda  1225-1275, incrustado de oro y piedras preciosas y forrado de seda en el que figuran escudos heráldicos donde se ven castillos y leones rampantes y el birrete que perteneció al infante don Felipe siglo XIII, que se encuentra en el Museo Arqueológico de Madrid

La comparación entre el objeto real y su imagen figurada nos proporciona una pista para entender su uso. Se puede ver, por ejemplo, cómo el birrete del soberano tenía una decoración con los emblemas heráldicos de su competencia, mientras que los de los nobles se limitaban a una sencilla franja del escudo con los colores del rey.

martes, 24 de marzo de 2015

REINO DE MACEDONIA



El REINO DE MACEDONIA fue un Estado griego de la antigüedad clásica, en el norte de la actual Grecia, bordeada por el Reino de Epiro en el oeste y la región de Tracia en el este. Este reino se consolidó durante el siglo V a. C. y experimentó un importante ascenso de su poder durante el siglo IV a. C. con el gobierno de Filipo II, que convirtió Macedonia en la principal potencia de Grecia. Su hijo Alejandro Magno conquistó la mayor parte del mundo conocido, inaugurando el Período Helenístico de la historia griega.

Macedonia se divide tradicionalmente en dos grandes regiones, la Alta y la Baja Macedonia. Era un país de trigo y pastos, de aldeanos y jinetes, y con una costa marítima reducida. Los historiadores creen que sus habitantes eran griegos de dialecto dórico, al igual que los de la región de EpiroRodas y el Peloponeso, y que hablaban un dialecto griego muy cercano al de estas regiones

Es muy complejo llegar a saber con toda exactitud el origen de estos pueblos asentados en esta zona geográfica. Los antiguos los llamaban bárbaros, usando como en tantas ocasiones un criterio cultural. Su procedencia es incierta y de gran complejidad. Se sabe que se agrupaban en tribus y cada una tenía su propio rey. El grueso de la población eran pastores que cuidaban el ganado de los nobles. Estos últimos eran además grandes cazadores y buenos guerreros.

El historiador griego Tucídides 460-400 a. C. describe a estos pobladores como gente que constituía un conjunto de pueblos dispersos, en cada uno de los cuales se había implantado una monarquía y que desarrollaban un intenso movimiento de masas. Luchaban y competían entre sí, de manera que la historia de su consolidación está llena de alianzas y conflictos entre los diversos grupos y reyes aspirantes a la hegemonía. En algún momento de la Historia se elaboró una leyenda, según la cual, los macedonios proceden de un hijo del dios Zeus llamado Macedón. De esta manera, el gran Alejandro sería descendiente de los Eácidas y de Heracles, orígenes plenamente helénicos.

La arqueología también tiene su palabra sobre este pueblo macedonio. Han salido a la luz tumbas reales que datan de finales del siglo VI a. C., llenas de ricos ajuares y valiosas obras de arte de tradición griega. Según Tucídides, el solar de los macedonios sería la zona más montañosa al oeste de la Alta Macedonia, Elimea, Oréstide y Lincestis, donde se establecieron en el siglo VIII a. C.

Los macedonios comenzaron a expandirse, a partir del 730 a. C., hacia las llanuras costeras, quizás debido a la presión demográfica que afectó a todo el norte de los Balcanes, ejercida por los cimerios sobre los tracios al este, y por los ilirios al oeste. En su avance, ocuparon primero Pieria y ganaron una salida al mar por el Golfo Termaico. Seguidamente avanzaron hacia Ematia y desplazaron a los botieos. La conquista de la llanura de Ematia convirtió a parte de la etnia macedonia de ganadera en agricultora. Allí fundaron su capital, Egas y, a partir del siglo V a. C., Pella. Después conquistaron las regiones de Almopia y Eordea. Más tarde cruzaron el Axio y sometieron la región entre este río y el Estrimón (Migdonia) y la ciudad de Antemunte, y las regiones de Crestonia y Bisaltia. La expansión de los macedonios había concluido a finales del siglo VI a. C. y el reino emergió a principios del siglo V a. C. ya plenamente constituido, aunque con una estructura arcaica y laxa.

Macedonia dispuso, entonces, de un territorio que casi duplicaba al de Tesalia, unos 30 000 km² frente a 15 000; la densidad de población no era muy alta y tampoco era muy elevado el número de habitantes. Parte de los pueblos conquistados por los macedonios fueron expulsados o exterminados, pero otra parte permaneció y se asimiló a los macedonios. La comunidad de los pueblos macedonios reunía a todos los territorios que reconocían la autoridad del rey. 

domingo, 22 de marzo de 2015

PERCEVAL



PERCEVAL, también conocido como Parzival o Parsifal es uno de los legendarios Caballeros de la Mesa Redonda del rey Arturo. En la literatura galesa su nombre es Peredur. Es famoso principalmente por su participación en la búsqueda del Santo Grial.

Hay muchas versiones del nacimiento de Perceval. En la mayoría de las fuentes es de cuna noble, siendo su padre bien el rey Pellinore, bien otro caballero respetable. Su madre no suele ser nombrada pero a veces desempeña un papel importante en las historias. Su hermana es la portadora del Santo Grial, y a veces se la llama Dindrane. En las historias en las que es hijo de Pellinore sus hermanos son Sir Tor, Sir Aglovale, Sir Lamorak y Sir Dornar.

Tras la muerte de su padre, la madre de Perceval le lleva a los bosques de Gales donde le cría a espaldas de las tareas propias de los hombres hasta los 15 años. Sin embargo, finalmente un grupo de caballeros atraviesa el bosque y Perceval queda impactado por su heroica apariencia. Queriendo convertirse en caballero, el muchacho viaja hasta la corte del rey Arturo, donde tras probar su valía como guerrero es investido caballero e invitado a unirse a los Caballeros de la Mesa Redonda.

Incluso en las historias más antiguas Perceval está relacionado con la búsqueda del Santo Grial. En Perceval, el Cuento del Grial de Chrétien de Troyes, se encuentra con el lisiado Rey Pescador y ve el Santo Grial, pero no logra hacer la pregunta que habría curado al herido monarca. Tras aprender de sus errores hace voto de volver a encontrar el castillo del Grial y completar la búsqueda.

En relatos posteriores, el auténtico héroe del Grial es Galahad, el hijo de Lanzarote. Pero aunque su papel en los romances parecía haber disminuido, Perceval siguió siendo un personaje importante y fue uno de los dos únicos caballeros siendo el otro Bors que acompañaban a Galahad al castillo del Grial y lograban completar la búsqueda.

En las versiones antiguas la amada de Perceval era Blanca flor y se convertía en rey de Carbonek tras curar al Rey Pescador, pero en versiones posteriores era un caballero célibe que moría antes del alcanzar el Grial. En la versión de Wólfram, el hijo de Perceval era Lohengrin, el caballero del cisne.

SION



SION fue inicialmente el nombre de una fortaleza jebusea conquistada por el rey David y que se encontraba situada en la actual Jerusalén. La fortaleza se situaba en una colina del lado sureste de Jerusalén, el Monte Sion, y es mencionada en la Biblia como el centro espiritual y la "madre de todos los pueblos" (Salmo 87, 2).

En el Libro de los Salmos figuran los Cánticos de Sion, conjunto de himnos gloriosos sobre la presencia de Dios en relación al pueblo de Israel, desde el diálogo con Moisés, pasando por el Arca de la Alianza, y hasta llegar al Templo de Jerusalén.

Sion es un término que hace referencia a una sección de Jerusalén, la cual, por definición bíblica, es la Ciudad de David. A menudo suele emplearse el término Sion como sinónimo de "Jerusalén".

Tras la muerte de David, el término comenzó a usarse para definir la colina en que se situaba el Templo de Salomón. Más tarde, Sion se empleó para hacer referencia tanto al Templo como a sus propios cimientos.

Como recoge la Biblia en numerosos de sus pasajes y especialmente en Isaías 60, este nombre fue utilizado a lo largo del tiempo como referencia no solo a la ciudad, sino también a la noción de Jerusalén como centro espiritual del pueblo judío; y, por extensión, a la Tierra Prometida.

Cuando el Medioevo, Sion fue usado por militares y religiosos católicos para denominar a la orden de Sion durante la primera cruzada (siglo XII).

En siglo XIX, el sionismo o movimiento nacionalista moderno del pueblo judío adoptó el término Sion por consenso general y desde entonces su empleo se mantuvo para designar no solo a Jerusalén, sino a toda la Tierra de Israel.

Uno de los pasajes bíblicos más famosos que hacen referencia al término se encuentra en el salmo 137:

“Junto a los ríos, en Babilonia, allí nos sentábamos, y llorábamos al acordarnos de Sion”

En dicho salmo, Sion es considerada ser un lugar de unidad, paz y libertad, literalmente opuesto a Babilonia, ciudad decadente y caracterizada por su explotación sistemática del género humano.

El anhelo de los judíos por Sion, comenzando desde la deportación y esclavitud de los judíos durante el cautiverio babilonio, fue luego también adoptado en los Estados Unidos por los esclavos negros cristianos, e incluso luego de la Guerra Civil, continuó siendo por los negros que en ese país continuaban aún oprimidos.

Sion pasó a simbolizar el anhelo de los pueblos desposeídos y errantes por una tierra segura. Podía aludir Sion a un lugar específico, como Etiopía en el caso de rastafaris. Para otros adquirió un sentido puramente espiritual, significando el hogar espiritual, ya sea el cielo o la paz de espíritu en la vida presente de un individuo.

En el caso del pueblo hebreo ambas ideas se conjugan en el himno nacional de Israel, titulado Hatikva y escrito en 1878; es allí donde el término Sion adquiere un papel protagónico expresando la dos veces milenaria esperanza colectiva y nacional del pueblo israelita.

sábado, 21 de marzo de 2015

MAGMA



MAGMA es el nombre que reciben las masas de rocas fundidas del interior de la Tierra u otros planetas. Suelen estar compuestos por una mezcla de líquidos, volátiles y sólidos

Cuando un magma se enfría y sus componentes cristalizan se forman las rocas ígneas, que pueden ser de dos tipos: si el magma cristaliza en el interior de la tierra se forman las rocas plutónicas o intrusivas, pero si asciende hacia la superficie, la materia fundida se denomina entonces lava, y al enfriarse forma las rocas volcánicas o efusivas

Los magmas más comunes responden a tres tipos principales, basálticos, andesíticos y graníticos.

Magmas basálticos: pueden ser toleíticos, ricos en sílice y producidos en las dorsales, o alcalinos, ricos en sodio y potasio, producidos en zonas del interior de las placas tectónicas. Son los más comunes.

Magmas andesíticos: son ricos en sílice y minerales hidratados, como anfíboles o biotitas. Se forman en todas las zonas de subducción, ya sean de corteza continental u oceánica.

Magmas graníticos: tienen el punto de fusión más bajo y pueden formar grandes plutones. Se originan en zonas orogénicas como los andesíticos, pero a partir de magmas basálticos o andesíticos que atraviesan y funden rocas ígneas o sedimentarias metamorfizadas de la corteza que, al incorporarse al magma, alteran su composición.

Por otra parte, según su composición mineral, el magma puede clasificarse en dos grandes grupos: máficos y félsicos. Básicamente, los magmas máficos contienen silicatos ricos en magnesio y hierro, mientras que los félsicos contienen silicatos ricos en sodio y potasio.
La temperatura a la que se empiezan a formar los fundidos ricos en sílice varía entre los 700 y los 900 °C, mientras que los pobres en sílice se empiezan a formar entre los 1200 y los 1300 °C.

Se denomina punto de solidus a la temperatura en la que empieza a fundirse una roca y punto de liquidus a la temperatura en la que la fusión es total. Tanto la presencia de agua como una disminución de la presión pueden bajar los puntos de solidus y liquidus de una roca, facilitando la formación de magmas sin aumentar la temperatura.

A lo largo de la historia temprana del planeta se han producido al menos tres súper eventos magmáticos, los episodios de mayor formación de rocas ígneas del registro geológico. Están separados entre sí unos 800 millones de años: el más antiguo e intenso hace unos 2700 Ma, en el Neo arcaico, otro hace 1900 Ma, en el Orosírico y el tercero hace 1200 Ma, en el límite Ectásico-Esténico. En cada uno de ellos se habrían formado grandes mesetas basálticas que habrían contribuido al aumento de las masas continentales en periodos de tiempo relativamente cortos.

Para explicar estos supereventos, algunos autores, como el tectónico Kent Condie en 1998, han propuesto que el mecanismo habría sido producido por unas avalanchas gravitacionales gigantescas de material del manto superior y la corteza, que caerían desde el límite del manto superior con el inferior (a 670 km de profundidad) hasta el mismo límite del núcleo externo (a unos 2900 km de la superficie), atravesando todo el manto inferior(unos 2230 km de espesor). Como consecuencia se formarían numerosas perturbaciones en forma de plumas del manto que, ascendiendo hasta la corteza, darían lugar al citado magmatismo.
El origen de estas avalanchas periódicas del manto estaría en los cambios físicos de los fragmentos de litosfera que han subducido hasta los 670-700 km de profundidad, cotas en las que encuentran resistencia a subducir más y se horizontalizan. La masa de litosfera que ha subducido, de hasta 100 km de espesor y más fría que el manto que la envuelve, puede tardar varios millones de años en alcanzar la temperatura que facilite, junto con la mayor presión de estos niveles, la densificación de los minerales que la componen paso de peridotitas aeclogitas. Cuando la nueva situación de densidad de la masa litosférica subducida se vuelve inestable, se produciría el derrumbe en avalancha hasta el núcleo.

Este proceso se habría repetido varias veces pero, como cada evento implica una importante pérdida de calor en el manto, cada repetición del ciclo habría sido de menor intensidad que la precedente. Se podrían explicar asimismo por este mecanismo los picos de magmatismo, de mucha menor intensidad que los anteriores, del final del Paleozoico, hace unos 300 Ma, y del Cretácico medio, hace unos 100 Ma.