miércoles, 2 de diciembre de 2015

LIDIA




Lidia o Reino de Lidia fue una región histórica situada en el oeste de la península de Anatolia, en lo que hoy son las provincias turcas de Esmirna y Manisa. Fue reino e imperio desde la caída del Imperio hitita hasta su conquista por los persas, según unas fuentes desde el 1300 a. C. y, según otras, desde el 718 hasta el 546 a. C.

Destacó como potencia comercial, y fue, además, conocida por su riqueza en oro, proveniente del río Pactolo y de las minas del monte Tmolo. Actualmente se cree que su riqueza provenía más de la fertilidad de sus campos, o bien de su superioridad comercial respecto a los griegos.

Fue el primer lugar donde se acuñó moneda, antes incluso que en China o India. Esas primeras monedas datan del reinado de Giges, en la segunda mitad del siglo VII a. C., hacia el 620 a. C., e incluso antes, durante el reinado de Ardis II 652-621 a. C. Los conocimientos actuales se apoyan en los hallazgos de monedas de electro u oro blanco, cuyos yacimientos principales se hallan en Éfeso, en la costa de Asia Menor.

Debido a su expansión por las costas jonias y a la enorme influencia cultural que los jonios tuvieron sobre los lidios, en ciertos periodos históricos muchos historiadores consideran a Lidia, si no parte de los pueblos griegos, al menos altamente helenizados. Esta aculturación fue mutua, aunque de menor intensidad por parte lidia, de manera que los avances musicales, comerciales e incluso la literatura y los juegos populares lidios fueron adoptados por los griegos, mientras que la arquitectura, la religión y la vestimenta griegas influyeron en las lidias. No obstante siempre existieron diferencias entre griegos y lidios, una de las más llamativas fue el trato otorgado a la mujer por parte de los hombres, mucho más ecuánime en la sociedad lidia. Autores clásicos como Estrabón, observando más diferencias que similitudes, concluyeron que los lidios no eran parte de los pueblos griegos.

Se desconocen prácticamente todos los datos de la mitología lidia, y tanto su literatura como sus rituales se han perdido, en ausencia de cualquier monumento o área arqueológica que haya aportado inscripciones extensas. Ésta es la causa de que cualquier referencia a los mitos que envolvieron a Lidia nos llegue a través de los antiguos griegos.

Para los griegos el principal regente de la Lidia mítica fue Tántalo, cuya hija predilecta, Níobe, junto a su marido Anfión, enlazan los asuntos de Lidia con Tebas. Se dice de Níobe que un torbellino la transportó hasta el monte Sípilo, en tierra lidia. A través de Pélope la línea de Tántalo se divide, al menos según los mitos de la segunda dinastía micénica. Según informa Pausanias, Tántalo era oriundo de Sípilo.

Ónfale, hija del río Yárdano, fue reina de Lidia. Ésta requirió a Heracles para que la sirviera por un tiempo. Sus aventuras en Lidia son las de un héroe griego en una tierra periférica y extraña. Este relato sirvió posteriormente para que se mencione a Tirseno, hijo de Heracles. A raíz de él existe una tradición que supone un origen lidio o grecolidio de Caria de los etruscos, llamados por los griegos tyrrenoi palabra desarrollada probablemente de Tirreno o Tirseno, aunque ellos se llamaban a sí mismos rasena.

Estos héroes ancestrales indican que la dinastía lidia afirmaba descender de Heracles; se dicen pertenecientes a la dinastía de Heracles a los reyes que gobernaron Lidia, aunque quizá no descendieran de Ónfale. También existe la leyenda, aportada por Estrabón, de que Etruria fue fundada por colonos procedentes de Lidia, dirigidos por Tirreno, hermano de Lido; emigración ordenada por el rey Atis debida a una hambruna. Esta teoría está discutida en la actualidad, pero no se descarta debido a algunas semejanzas entre ambas civilizaciones, como la cerámica. Sin embargo, Dionisio de Halicarnaso apunta que la lengua y las vestiduras etruscas fueron totalmente diferentes a las de los lidios. Otros cronistas posteriores ignoraron la teoría de Heródoto de que Anfión fue el primer rey lidio, señalando a Alceo, Belos y Nino en los primeros puestos de la lista real del reino. Estrabón hace que Atis, padre de Lido y Tirreno, sea un descendiente de Heracles y Ónfale. Muchas otras referencias apuntan en su lugar a Atis, Lido y Tirreno entre los reyes lidios anteriores a la dinastía de Heracles.

Las minas de oro a lo largo del río Pactolo, en las montañas occidentales de Anatolia, fueron fuente proverbial de la riqueza de Creso, el último rey en la historia del Reino de Lidia, pues se dice que el legendario rey Midas de Frigia navegó por sus aguas, convirtiéndolas en oro.

La historia del Reino de Lidia puede dividirse de acuerdo a las tres dinastías que lo gobernaron, de las que la primera fue completamente mitológica y parte de la segunda se ha reconstruido con reservas, ya que hay divergencias entre las fuentes. Esta controversia en los datos y el desconocimiento del periodo histórico llamado Edad Oscura, hacen que se puedan fijar hasta tres fechas plausibles de la fundación del reino: algunas fuentes fechan el nacimiento de Meoncia, y por tanto del reino de Lidia, en el año 1579 a. C.; otros autores defienden que ocurrió en torno al 1300-1200 a. C., debido a la debilidad de los hititas y a la aparición de los nombres Meoncia y Arzawa, si bien siempre mencionados ambiguamente; mientras que otros se ciñen a lo que se conoce mejor y datan la fundación en torno al año 700 a. C.

Ya hubiese sido fundado en tiempos tan remotos o no, se sabe que antes del año 680 a. C., Lidia era un reino vasallo de Frigia, que en esa época cayó en poder de los cimerios, propiciando la total independencia y expansión de Lidia.

Lidia surge tras la caída del Imperio hitita, como resultado del colapso político y económico que llevó a la disgregación de éste en el siglo XII a. C. En esa época el nuevo reino se llamaba Arzawa, aunque de acuerdo con las fuentes griegas, el nombre original de Lidia fue Meoncia o Meonia, por estar habitada por los pelasgos meonios. Homero la cita como Meonia, llamando maiones a sus habitantes y mencionando que procedían de Hida, al pie del monte Tmolo. Se cree que Hida pudo haber sido el nombre del lugar donde se levantó Sardes y no un asentamiento distinto a esta ciudad, como se creyó antiguamente.

Siglos después Heródoto, en su libro Clío, el primero de Historia, añade que los meonios o meones o mayones pasan a llamarse lidios después del reinado de uno de sus reyes, Lido o Leído , hijo de Atis, que independizó el territorio completamente del dominio extranjero y cuyas referencias datan de una época dinástica mitológica. Este epónimo les valió ante los griegos el nombre de lidios. El término hebreo, Lûḏîm, se encuentra en Jeremías 46, 9 y se considera una derivación de Lud, hijo de Sem. En tiempos bíblicos los guerreros lidios fueron famosos arqueros. Algunos meonios existieron aún en tiempos históricos, en las tierras interiores a lo largo del río Hermo, donde se tienen referencias de una ciudad llamada Meoncia.

Los antecedentes de las batallas entre medos y lidios surgieron por la política expansionista de ambos imperios. En tiempos de Aliates II los medos conquistaron Armenia y Capadocia, llegando a las fronteras lidias. Ambos ejércitos se enfrentaron en la conocida «Batalla del Eclipse», que terminó en un tratado de paz que pactaba la frontera en el río Halis.

Durante el reinado de Creso en el siglo VI a. C., Ciro II el Grande de Persia mató a su abuelo Astiages y conquistó Media, dando lugar al Imperio Medo-Persa. Se formó así una coalición anti-persa mediante la unión de Egipto, Babilonia, Cilicia y Lidia, ayudados por mercenarios griegos del Peloponeso, que se oponía al nuevo régimen conquistador de Ciro II; se dice que esta unión fue creada por interés de Creso. De estos tres imperios, el de Lidia fue el primero en caer. Creso consultó el Oráculo de Delfos para saber qué tenía que hacer y éste predijo que si rebasaba el río Halis destruiría un imperio. Creso creyó escuchar la profecía de una victoria y cruzó el Halis con su poderosa caballería, pero éstos no fueron oposición en el desierto contra los camellos de Ciro II, por lo que fue derrotado. Esta batalla es conocida como la Batalla de Peria, pues su consecuencia inmediata fue la pérdida de la ciudad de Peria, que Creso acababa de conquistar, talando los bosques a su alrededor para prevenirse de ataques sorpresa.

Ciro II entró en Sardes poco después y a punto estuvo de hacer matar a Creso, siendo esto evitado por su segundo hijo. La mayoría de las versiones que abordan el tema aseguran que antes de asesinar a Creso quemándolo vivo junto a catorce jóvenes, un comentario fortuito de aquel, citando a Solón —«Nadie debe tenerse por dichoso antes de que haya sonado su hora postrera»—, hizo que Ciro le perdonara la vida, llegando a ser grandes amigos; incluso, Creso le tomó como consejero y le dedicó un templo al estilo del de Artemisa en Éfeso. Se dice que Creso envió sus antiguas cadenas de prisionero al Oráculo de Delfos para echarle en cara su visión. A partir de entonces Lidia desaparece como estado independiente, pasando a ser una satrapía del Imperio aqueménida.

CÓNDOR



El CÓNDOR es una especie de ave de la familia Cathartidae que habita en Sudamérica. El orden al que pertenece su familia se encuentra en disputa. Se extiende por la cordillera de los Andes, cordilleras próximas a ella y las costas adyacentes de los océanos Pacífico y Atlántico. Es el ave no marina de mayor envergadura del Planeta. No posee subespecies. Su nombre procede del quechua cùntur.

Es un ave grande y negra, con plumas blancas alrededor del cuello y en partes de las alas. La cabeza carece de plumas y es de color rojo, pudiendo cambiar de tonalidad de acuerdo al estado emocional del ave. A diferencia de la mayor parte de las aves de presa, el macho es mayor que la hembra.

Es un ave carroñera. Alcanza la madurez sexual a los 5 o 6 años y anida entre los 1000 y 5000 msnm, generalmente en formaciones rocosas inaccesibles. Posee una tasa de reproducción muy baja y se espera que al menos ponga un huevo cada dos años. Es una de las aves más longevas, pudiendo alcanzar la edad de 50 años.

Es un símbolo nacional de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y tiene un importante rol en el folclore y la mitología de las regiones andinas de Sudamérica.

El cóndor andino fue declarado monumento natural de Chile mediante decreto  el 30 de junio de 2006.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la cataloga como una especie casi amenazada, ya que sufre la pérdida de su hábitat y el envenenamiento por la ingesta de animales intoxicados o de los propios cebos envenenados colocados ilegalmente por cazadores y ganaderos. Varios países iniciaron programas de reproducción en cautividad.

El cóndor andino fue descrito en 1758 por Carlos Linneo en la décima edición de Systema naturae, y conserva la nomenclatura binominal original de Vultur gryphus. El término genérico Vultur proviene del latín vultur o voltur, que significa 'buitre', en tanto, gryphus deriva de la palabra del griego antiguo, 'pico con forma de gancho'. Es una especie emparentada con el cóndor de California y con el cóndor de la selva o cóndor real. Este último es, genéticamente, su pariente más cercano; algunos autores han incluso colocado ambas especies en una subfamilia separada de los demás buitres americanos, aunque la mayoría de los autores no consideran necesaria esta subdivisión.

El cóndor andino es reconocido como una de las aves voladoras más grandes del planeta después del albatros viajero. Los adultos llegan a medir hasta 142 cm de altura, y entre 270 y 330 cm de envergadura, y pesan de 11 a 15 kg los machos y de 8 a 11 kg las hembras. Poseen la cabeza desnuda y relativamente pequeña, de color generalmente rojizo, aunque el mismo puede cambiar según el estado de ánimo del animal; pico de borde muy cortante y terminado en gancho. Las alas son largas y anchas, y las patas, no prensiles, poseen uñas cortas y poco curvas, y con la inserción del dedo posterior elevada. Las mismas están adaptadas para la marcha y para la sujeción de la carroña. Alcanzan la madurez sexual aproximadamente a los 8 años. El plumaje juvenil de ambos sexos es de color marrón hasta alcanzar en mudas sucesivas el característico plumaje negro-azabache de los adultos. Una ancha banda blanca resalta en el dorso de las alas y un nítido collar blanco no completamente cerrado al frente, protege la desnuda piel del cuello.

Los machos presentan una cresta o carúncula y pliegues en la cara y cuello que aumentan de tamaño con la edad. Alcanzan mayor peso y envergadura que las hembras y sus ojos son de color café. Las hembras no poseen cresta aunque al igual que los machos presentan pliegues. Sus ojos son de color rojizo.

Es también una de las aves que vuela a mayores alturas, utilizando las corrientes térmicas ascendentes verticales de aire cálido pueden alcanzar con relativa facilidad los 7000 msnm; luego puede planear por cientos de kilómetros casi sin mover las alas extendidas, el cóndor consume muy poca energía y merced a su denso plumaje puede soportar climas gélidos.

El cóndor se alimenta de animales muertos. Una vez localizada la carroña, los cóndores no descienden a comer de manera inmediata sino que se limitan a volar sobre la misma o se posan en algún lugar desde donde ésta se vea claramente. Uno o dos días pueden pasar hasta que finalmente se acercan. Comienzan a alimentarse en los puntos más accesibles o blandos de los cadáveres, es decir, los ojos, lengua, ano, ubre o testículos, abdomen y entrepierna. Con sus fuertes y cortantes picos desgarran los tejidos y abren los cueros, lo que adicionalmente facilita el aprovechamiento de la pieza por parte de carroñeros de menor envergadura. Un cóndor puede ingerir unos 5 kg de carne en un día y asimismo puede ayunar hasta 5 semanas.

Los incas creían que el cóndor era inmortal. Según cuenta el mito, cuando el animal siente que comienza a envejecer y que sus fuerzas se le acaban, se posa en el pico más alto y saliente de las montañas, repliega las alas, recoge las patas y se deja caer a pique contra el fondo de las quebradas, donde termina su reinado. Esta muerte es simbólica, ya que con este acto el cóndor vuelve al nido, a las montañas, desde donde renace hacia un nuevo ciclo, una nueva vida. El cóndor simbolizaba la fuerza, la inteligencia y el enaltecimiento o exaltación. Era un animal respetado por todos aquellos que vivían en los Andes desde tiempos anteriores al descubrimiento de América, ya que no sólo traía buenos y malos presagios, sino que también era el responsable de que el sol saliera cada mañana, pues con su energía era capaz de tomar el astro y elevarlo sobre las montañas iniciando el ciclo vital.

VALLA



Una VALLA o cerca es un elemento superficial vertical que se utiliza para delimitar terrenos y protegerlos contra intrusos. Suelen ser de madera o metálicas.

Las vallas se colocan alrededor de un terreno o jardín y tienen la función de impedir la entrada al mismo o de proteger la intimidad de sus habitantes. Las vallas se instalan en granjas, terrenos agrícolas o en otros espacios privados como, por ejemplo, los jardines de las viviendas unifamiliares.

Una valla clásica está formada por una serie de tablones o estacas de madera colocados en vertical y terminados en punta o de forma redondeada. Los tablones se clavan al terreno y se unen por medio de otras tablas horizontales que se clavan a las anteriores. Existen también vallas metálicas que consisten en una malla de alambre, denominada alambrada. También se encuentran vallas confeccionadas con materiales naturales como cañas o brezo. En este caso, las piezas se trenzan con alambre conformando una superficie tupida.

Las vallas móviles son estructuras metálicas que se colocan en la vía pública para delimitar espacios con motivo de eventos temporales, como espectáculos, desfiles o procesiones. También sirven para proteger obras circunstanciales en zonas públicas. Suelen consistir en un marco con barrotes en su interior que se asienta sobre dos patas anchas que le proporcionan estabilidad. En los laterales, cuentan con un enganche que permite unir diferentes vallas formando una protección continua para utilizarla en amplias extensiones.

martes, 1 de diciembre de 2015

AZULEJO



El AZULEJO es una pieza alfarera de cerámica, similar a la baldosa, de poco espesor y con una de sus caras vidriada, resultado de la cocción de una sustancia a base de esmalte que se torna impermeable y brillante. Presenta muy diversas formas geométricas, siendo las más abundantes el cuadrado y el rectangular. La parte decorada puede estar decorada en un tono o color -monocromo- o en varios colores -policromo-, con superficie lisa o en relieve. Asociado de forma tradicional a la construcción y la arquitectura, el azulejo se ha empleado tanto en el revestimiento de superficies interiores como exteriores; asimismo puede aparecer como elemento decorativo aislado, o con valor representativo, a modo de cuadro o ilustración.

Aplicados en paredes, pavimentos y techos de viviendas, palacios y arquitectura religiosa, o en jardines y redes del ferrocarril metropolitano, los temas de la decoración abarcan un amplio abanico, desde sencillas composiciones geométricas o vegetales hasta barrocos episodios históricos, escenas mitológicas, iconografía religiosa y motivos costumbristas.

Su presencia ha sido determinante en la estética de la arquitectura hispano-árabe y en el arte hispano musulmán en general, destacando su evolución en el mudéjar y en la loza portuguesa y española desde el siglo XVIII.

Las excavaciones arqueológicas continúan aportando pruebas del uso en Mesopotamia de losas de tierra cocida, pintadas por la parte exterior y después barnizadas para pavimentar y decorar diferentes sectores de su arquitectura, desde los sencillos hogares hasta los palacios imperiales. Así lo confirman y documentan los descubrimientos hechos en diversos enclaves de la cultura del Imperio Asirio o el Persa, con ejemplos importantes como los frisos de las murallas de Babilonia, la fortaleza de Khorsabad, la antigua ciudad de Nínive, o el Palacio de Susa.

El azulejo y sus técnicas entraron en Europa en el siglo VII a través de al-Andalus al sur de la península ibérica, y alcanzaron un esplendor del que todavía son ejemplo la arquitectura del Califato de Córdoba y el Reino nazarí de Granada. Desde el singular «sofeysafa» con que los califas cordobeses adornaron las paredes del mihrab, hasta los rudos y prácticos sistemas de pavimentación doméstica que continúan usándose en Andalucía. Se cree asimismo que este enlosado reemplazó en todas partes al pavimento de mosaico usado por los romanos. Esta cultura de base alfarera se conservó en la España cristiana y quedó de manifiesto en el arte mudéjar, gracias a los gremios de alarifes moriscos, y se extendería luego por Europa a partir del siglo XIII, fundiéndose con los recursos arquitectónicos importados por las Cruzadas y el comercio con Oriente de la Serenísima República de Génova y la República de Venecia.

Inicialmente, las piezas no tuvieron dimensiones fijas; la tradición azulejera de Portugal, una de las más importantes de Europa, estableció, a partir del siglo XVI y hasta el siglo XIX, una medida entre los 13,5 y los 14,5 cm., mayor que la tradicional árabe, como consecuencia del aumento de la producción.

En Occidente, las penínsulas Ibérica e Itálica acaparan la producción e importación de azulejos al resto de Europa hasta el final del siglo XVI, con focos más locales en parte del Norte de África y un capítulo aparte en el extremo oriental del Mediterráneo siguiendo patrones y escuelas bizantinas. A partir del siglo XVII la azulejería florece en otros muchos países de Europa Central, en especial en Francia, los Países Bajos, los estados de influencia germana y las islas Británicas, afirmando la producción, técnicas y creatividad a lo largo del siglo XVIII y consumándose en el siglo XIX con su presencia en las Exposiciones Universales. En el extremo occidental europeo, España y especialmente Portugal, desarrollan en esos siglos una cultura azulejera funcional y popular difícil de igualar.

TALCO



El TALCO es un mineral de la clase 9, silicatos, según la clasificación de Strunz, de color blanco a gris azul. En la escala de Mohs se toma como patrón de la menor dureza posible, asignándosele convencionalmente el valor. El talco industrial incluye materiales de composición química y mineral no conteniendo perfumes ni aditivos químicos ya que podría interaccionar  con otras sustancias. Es un compuesto inerte no afectado por el ambiente ni degradado.

El talco suele aparecer de forma masiva forma también llamada esteatita o saponita y pocas veces en cristales bien formados. Se forma por metamorfismo de silicatos de magnesio como olivinos, piroxenos o anfíboles .

Se utiliza en diversas aplicaciones. En forma de polvo se utiliza como relleno en la fabricación de papel y cartulina, para lacas y pinturas, en la industria cerámica, como aditivo de gomas y plásticos, así como para prevenir irritaciones de la piel y para hidratar ésta. Por su resistencia a elevadas temperaturas se utiliza en la fabricación de materiales termo resistentes. Es la base de muchos polvos en la cosmética y productos farmacéuticos. 

SIMBAD EL MARINO



SIMBAD EL MARINO es un relato conocido en todo el mundo debido a Las mil y una noches, obra a la que no pertenecía en origen y que ha dado mucha más fama a este relato que al de Simbad, el terrestre, también tradicional y protagonizado por un viajero diferente aunque de idéntico nombre. Según René Khawam, traductor y crítico libanés, el relato de las aventuras del marino Simbad «sólo fue introducido en las Noches hacia los inicios del siglo XVIII, y con mucha timidez aún, al albur de la fantasía de los copistas». Así, la primera edición impresa en árabe de Las mil y una noches (Calcuta, 1814-1818) lo incluye como un anexo al final del libro, y sólo se integra en el esquema de las Noches a partir de la edición egipcia de 1835, y de un modo resumido y expurgado. Viajó siete veces, viviendo en cada ocasión una aventura más emocionante que la precedente.
Se han hecho infinidad de películas sobre el personaje. Las más famosas son las realizadas por Ray Harryhausen (El 7º viaje de Simbad, El viaje fantástico de Simbad y Simbad y el ojo del tigre).
Las mil y una noches, la colección de cuentos en los que la historia de Simbad se encuentra, es uno más de los que narra la hermosa doncella Scheherezade en el mismo periodo de tiempo. Cada cuento tiene el fin de captar el interés del rey Sharyar, para que desee escucharlo a la tarde siguiente, ya que el sultán tenía por costumbre yacer con una virgen cada noche y que la ejecutasen, a la mañana siguiente, convencido de que no podría encontrar una mujer de buena virtud. En la clausura de la noche 536, Scheherezade, relata los cuentos de Simbad: En los días de Harún al-Rashid, califa de Bagdad, un cargador el que transporta las mercancías por los demás en el mercado y en toda la ciudad se sienta para descansar en un banco, fuera de la puerta, de una casa de un rico comerciante; donde se queja a Alá de la injusticia de un mundo que permite a los ricos vivir en la facilidad, mientras que él debe trabajar y, sin embargo, sigue siendo pobre. El propietario de la casa le está escuchando, lo llama y ahí se encuentran ambos: Simbad, el rico, y Simbad, el pobre. El rico le cuenta cómo se convirtió, "por Fortuna y Destino", en el curso de siete viajes maravillosos.
Después de gastar toda la riqueza que le dejó su padre, Simbad se embarca en un barco para buscar fortuna. En su primer viaje se establece en una isla, que resulta ser una gigantesca ballena, en la que los árboles han echado raíces a causa del largo tiempo que ha estado durmiendo en la superficie del mar. la ballena despierta y se sumerge en las profundidades y el buque zarpa sin Simbad. Un barril enviado, "por la gracia de Alá", le da la oportunidad de salvarse para llegar a una isla. En donde se lava y en donde, un rey amigo suyo, le nombra capitán de puerto. Un día, su propio buque, atraca en su puerto y recupera sus bienes -todavía en el mismo-. El rey le da un rico presente y regresa a Bagdad, donde reanuda la vida de facilidad y placer. Con el fin de su primer relato, el marino Simbad le regala al cargador Simbad un centenar de piezas de oro y se compromete a darle más, al día siguiente, si vuelve para escuchar su segundo viaje. Simbad, el porteador, vuelve, intrigado con las aventuras y por necesidad.
Sherezada, en una hábil treta, interrumpe su cuento cada mañana, dejando al rey en ascuas, con el fin de burlar sus intereses homicidas. En la noche 549 de la obra, se encuentra el segundo día del cuento de Simbad, el marino: "poseído con la idea de viajar por el mundo de los hombres y de ver sus ciudades e islas", le cuenta cómo creció su inquietud, ocioso, hasta que se echó de nuevo a la mar. Abandonado accidentalmente por su búsqueda, en una isla desierta y sin alimentos, encuentra un extraño objeto blanco y redondo, que resulta ser un huevo de ave Roj. Cuando la madre del huevo aparece, Simbad se amarra a una de sus patas, mientras ésta duerme y se va volando con ella. El ave lo deja encallado en un inaccesible valle de serpientes gigantes y más aves Roj.
Bajo ellos, el suelo del valle está alfombrado de diamantes que los comerciantes consiguen lanzando enormes trozos de carne a las aves, las cuales vuelven a sus nidos con las piedras preciosas pegadas a la carne. Una vez allí los hombres las ahuyentan y recogen los diamantes. El astuto Simbad se ata un trozo de carne a la espalda y el ave lo lleva de vuelta al nido, llevándose una bolsa llena de piedras preciosas. Rescatado del nido por los comerciantes, Simbad regresa a Bagdad con una fortuna en diamantes, viendo muchas maravillas en el camino.
Inquieto y con ganas de viajes y aventuras, Simbad zarpa de nuevo desde Basora. Pero, por casualidad, él y sus compañeros llegan a una isla, donde son capturados por "un enorme gigante la semejanza de un hombre, de color negro... con los ojos como brasas de fuego, los dientes como colmillos de jabalí y una gran mandíbula como la boca de un pozo. Por otra parte, tiene labios como de camello, colgando hacia abajo hasta su pecho, las orejas caen sobre sus hombros y las uñas de sus manos eran como las garras de un león". Este monstruo, empieza a comerse a la tripulación, siendo el primer bocado, el maestro, que es el más gordo.
Simbad idea un plan para cegar al gigante con un hierro al rojo vivo y así, todos pueden escapar. Después de nuevas aventuras --entre ellas con una gigantesca pitón, de la cual Simbad escapa gracias a su rápido ingenio--, Simbad regresa más rico que nunca a Bagdad, donde "le dieron limosna y generosidad a la viuda y el huérfano, a modo de acción de gracias, por mi feliz regreso y se olvidaron todas las penurias, mientras que comía bien y bebía bien y me vestía bien, luego de todo lo que había caído sobre mí y todos los peligros y penurias que había sufrido".
Impulsado por la inquietud, Simbad se hace a la mar otra vez y, como de costumbre, naufraga. Se encuentra entre salvajes desnudos, caníbales que alimentan a sus presas con una hierba que los priva de la razón (similar a los frutos de los lotófagos) y los engorda para la mesa. Simbad se niega a comer las locuras de la inducción de las plantas y, cuando los caníbales han perdido interés en él, se escapa. Una tripulación de recolectores de pimienta lo lleva a una isla donde el rey se hace su amigo y le da una hermosa mujer como esposa.
Demasiado tarde Simbad descubre una peculiar costumbre de esa tierra: cuando uno de los casados muere, el otro es sepultado en vida con sus mejores ropas y joyas más costosas. La esposa de Simbad cae enferma y muere, eso deja a Simbad atrapado dentro de una caverna en una tumba comunal con una jarra de agua y siete piezas de pan. Cuando estos suministros escasos casi se agotan, otra pareja es arrojada a la caverna: el marido muerto y la mujer con vida. Simbad golpeó a la mujer con un hueso hasta causarle la muerte.
Prosiguen funerales similares, pronto Simbad tiene una importante reserva de pan y agua, así como de oro y joyas, pero no ha podido escapar; hasta que un día un animal salvaje le muestra un pasaje hacia el exterior, muy por encima del mar. Por allí pasaba un buque y lo rescata. Lo llevan de vuelta a Bagdad donde da limosna a los pobres y reanuda su vida de placer.
"Cuando yo había estado un tiempo en tierra después de mi cuarto viaje, y cuando, en mi comodidad y los placeres llenos de posibilidades y en mi alegría de mis grandes ganancias y beneficios, me había olvidado de todo lo que había padecido de peligros y sufrimientos, el carnal hombre fue cautivado una vez más con el anhelo de viajar y ver a los países extranjeros y las islas". Simbad al poco tiempo se halla en el mar una vez más y cuando pasa por una isla desierta, la tripulación de Simbad encuentra un gigantesco huevo que Simbad reconoce como perteneciente a un ave Roc. Por curiosidad, el buque desembarca para ver el huevo, sólo para terminar rompiéndolo y utilizando al pollo como comida. Simbad reconoce inmediatamente la locura de su comportamiento y ordena que todos suban a bordo.
Sin embargo, los padres Rocs, enfurecidos, pronto se dan cuenta y tratan de destruir el buque, dejando caer rocas gigantes que portan en sus garras. Naufragando una vez más, Simbad es esclavizado por el Viejo del Mar, que cabalgando sobre sus hombros con sus piernas torcidas, rodea el cuello de Simbad y no lo deja escapar. De día y de noche, cabalga sobre él: Simbad vería con agrado su muerte.
Finalmente, Simbad elabora vino y convence al Viejo del Mar de que lo beba. Cuando el Viejo del Mar se descuida, después de haberse emborrachado, Simbad lo mata y escapa. Un barco lo lleva a la ciudad de los simios, un lugar cuyos habitantes pasan cada noche en embarcaciones, mientras que su ciudad se abandona a la merced de unos monos antropófagos. Sin embargo, mediante un ingenioso truco, Simbad va recuperado su fortuna a través de los simios y encuentra un barco que lo lleva, una vez más, a Bagdad.
"Mi alma anhela los viajes y el tráfico". Simbad naufraga una vez más, esta vez de forma tan violenta, que su buque se esfuma en pedazos por acantilados de gran altura. Sin alimentos por ninguna parte, los compañeros de Simbad mueren de hambre, hasta que sólo él queda vivo. Descubre un río y construye una balsa, que pasa por una caverna, debajo de los acantilados. El arroyo parece estar lleno de piedras preciosas y se percata de que en la isla hay más, de iguales características.
Simbad se queda dormido por los viajes a través de la oscuridad y se despierta en una ciudad donde "los diamantes se encuentran en sus ríos y las perlas están en sus valles". El rey se deslumbra con lo que Simbad le relata acerca del gran Harún al-Rashid y le pide que lleve un regalo de vuelta a Bagdad en su nombre, una copa tallada de un solo rubí, con otros obsequios, como "una cama hecha de la piel de la serpiente que se tragó al elefante", "cien mil mithqales de lignáloe de Sind", y una niña esclava "brillante como la Luna". Y así, Simbad regresa a Bagdad, donde el Califa hace muchas preguntas por los informes que Simbad le da de las tierras de Ceilán.
El siempre inquieto Simbad zarpa una vez más, con el resultado habitual. Solo en una tierra desolada, Simbad hace una balsa, navega por un río y llega a una gran ciudad. El jefe mercader une a su hija con Simbad y los nombra sus herederos y, convenientemente, muere. Los habitantes de esta ciudad se transforman una vez al mes en aves y Simbad se sube a una de las personas-aves, que le lleva hasta la parte superior del cielo, donde escucha a los ángeles que glorifican a Dios: "me asombraba y exclamé: ¡Alabado sea Alá! ¡Alabar a la perfección de Alá!". Pero antes de terminar estas palabras llega un fuego del cielo, que consume a los hombres-aves. El hombre-pájaro sobre el que viaja Simbad se enoja con él y lo deja sobre una montaña, donde se reúne con dos jóvenes sirvientes de Alá que le dan una vara dorada para que rescate a uno de los hombres pájaro de las fauces de una gigantesca serpiente.
Al regresar a la ciudad, Simbad se entera a través de su esposa de que los hombres-pájaros son demonios, aunque ella y su padre no son de su especie. Y así, a sugerencia de ella, Simbad vende todas sus posesiones y regresa con ella a Bagdad, donde por fin decide vivir tranquilamente disfrutando su riqueza, sin buscar más aventuras.
(Burton incluye una variante del séptimo cuento, en la cual Haroun al-Rashid le pide a Simbad llevar un regalo al rey de Serendib. Simbad responde: "Por dios el Omnipotente, oh, mi señor, he tomado una aversión a los viajes y cuando oigo la palabra 'viaje', mis extremidades tiemblan". Luego le platica al califa de sus desafortunados viajes; Haroun concuerda en que, con historia de ésas, sólo él tiene el derecho de decidir sus viajes. Sin embargo, un comando del califa lo convence y se organiza el séptimo viaje de Simbad, su único viaje diplomático. El rey de Serendip está muy complacido con los regalos, que incluyen, entre otras cosas, la bandeja de comida del rey Salomón. En el viaje de vuelta ocurre la habitual catástrofe: Simbad es capturado y vendido como esclavo. Junto con su maestro le dispara a unos elefantes con arco y flecha, hasta que el rey de los elefantes le lleva al cementerio de los elefantes. El maestro se complace con las enormes cantidades de marfil que hay acumulado, y gracias a la habilidad del aventurero regresan a Bagdad con oro y marfil. "Aquí me fui para el califa y después de saludarlo y besar sus manos, le informé de todo lo que me había ocurrido; de lo cual se alegró por mi seguridad y dio las gracias al dios todopoderoso y ha hecho que mi historia sea escrita en letras de oro. Entonces me llevó a mi casa y se reunió con mi familia y hermanos y tal es el fin de las historias que me ocurrieron durante mis siete viajes.
Alabado sea Dios, el Uno, el Creador, el Creador de todas las cosas en el Cielo y la Tierra.