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martes, 27 de junio de 2017

IDILIO



El IDILIO es un subgénero literario de la poesía lírica griega del Helenismo, el más característico de la bucólica, creado por el poeta siciliano Teócrito y seguido después por Mosco y Bión de Esmirna, de tema amoroso, dialogado entre pastores y desarrollado en una naturaleza agradable o paradisíaca, que su creador identifica con el paisaje de la Arcadia. Su equivalente en la literatura latina o romana posterior es la égloga. El idilio se escribe en dialecto dórico y en hexámetro dactílico, un verso asociado sin embargo con la más prestigiosa forma de la poesía griega, la épica.
Los escenarios del idilio son campestres, los protagonistas son pastores, vaqueros o cabreros, hay ganados que pastan y multitud de términos pastoriles. El tema suele ser erótico y los cánticos y la música están presentes continuamente. En bastantes de ellos se alterna el diálogo, el monólogo o el relato con canciones o competiciones de canto, elemento que hace intervenir la música y que quedará para la posteridad como uno de los signos típicos de la pastoral. Los temas de estas canciones suelen ser eróticos o míticos.
Las derivaciones bucólicas del idilio dieron lugar a las églogas de los latinos Virgilio, Calpurnio Sículo y Nemesiano, a las églogas en latín de los humanistas Francesco Petrarca, Giovanni Pontano, Mantuano y otros, a la novela pastoril de los renacentistas Jacopo Sannazaro y sus imitadores europeos, entre ellos Jorge de Montemayor, Philip Sidney, Honoré d'Urfé etcétera, y a las églogas en lengua vulgar de Garcilaso de la Vega, Pierre de Ronsard y muchos otros.

martes, 1 de diciembre de 2015

SIMBAD EL MARINO



SIMBAD EL MARINO es un relato conocido en todo el mundo debido a Las mil y una noches, obra a la que no pertenecía en origen y que ha dado mucha más fama a este relato que al de Simbad, el terrestre, también tradicional y protagonizado por un viajero diferente aunque de idéntico nombre. Según René Khawam, traductor y crítico libanés, el relato de las aventuras del marino Simbad «sólo fue introducido en las Noches hacia los inicios del siglo XVIII, y con mucha timidez aún, al albur de la fantasía de los copistas». Así, la primera edición impresa en árabe de Las mil y una noches (Calcuta, 1814-1818) lo incluye como un anexo al final del libro, y sólo se integra en el esquema de las Noches a partir de la edición egipcia de 1835, y de un modo resumido y expurgado. Viajó siete veces, viviendo en cada ocasión una aventura más emocionante que la precedente.
Se han hecho infinidad de películas sobre el personaje. Las más famosas son las realizadas por Ray Harryhausen (El 7º viaje de Simbad, El viaje fantástico de Simbad y Simbad y el ojo del tigre).
Las mil y una noches, la colección de cuentos en los que la historia de Simbad se encuentra, es uno más de los que narra la hermosa doncella Scheherezade en el mismo periodo de tiempo. Cada cuento tiene el fin de captar el interés del rey Sharyar, para que desee escucharlo a la tarde siguiente, ya que el sultán tenía por costumbre yacer con una virgen cada noche y que la ejecutasen, a la mañana siguiente, convencido de que no podría encontrar una mujer de buena virtud. En la clausura de la noche 536, Scheherezade, relata los cuentos de Simbad: En los días de Harún al-Rashid, califa de Bagdad, un cargador el que transporta las mercancías por los demás en el mercado y en toda la ciudad se sienta para descansar en un banco, fuera de la puerta, de una casa de un rico comerciante; donde se queja a Alá de la injusticia de un mundo que permite a los ricos vivir en la facilidad, mientras que él debe trabajar y, sin embargo, sigue siendo pobre. El propietario de la casa le está escuchando, lo llama y ahí se encuentran ambos: Simbad, el rico, y Simbad, el pobre. El rico le cuenta cómo se convirtió, "por Fortuna y Destino", en el curso de siete viajes maravillosos.
Después de gastar toda la riqueza que le dejó su padre, Simbad se embarca en un barco para buscar fortuna. En su primer viaje se establece en una isla, que resulta ser una gigantesca ballena, en la que los árboles han echado raíces a causa del largo tiempo que ha estado durmiendo en la superficie del mar. la ballena despierta y se sumerge en las profundidades y el buque zarpa sin Simbad. Un barril enviado, "por la gracia de Alá", le da la oportunidad de salvarse para llegar a una isla. En donde se lava y en donde, un rey amigo suyo, le nombra capitán de puerto. Un día, su propio buque, atraca en su puerto y recupera sus bienes -todavía en el mismo-. El rey le da un rico presente y regresa a Bagdad, donde reanuda la vida de facilidad y placer. Con el fin de su primer relato, el marino Simbad le regala al cargador Simbad un centenar de piezas de oro y se compromete a darle más, al día siguiente, si vuelve para escuchar su segundo viaje. Simbad, el porteador, vuelve, intrigado con las aventuras y por necesidad.
Sherezada, en una hábil treta, interrumpe su cuento cada mañana, dejando al rey en ascuas, con el fin de burlar sus intereses homicidas. En la noche 549 de la obra, se encuentra el segundo día del cuento de Simbad, el marino: "poseído con la idea de viajar por el mundo de los hombres y de ver sus ciudades e islas", le cuenta cómo creció su inquietud, ocioso, hasta que se echó de nuevo a la mar. Abandonado accidentalmente por su búsqueda, en una isla desierta y sin alimentos, encuentra un extraño objeto blanco y redondo, que resulta ser un huevo de ave Roj. Cuando la madre del huevo aparece, Simbad se amarra a una de sus patas, mientras ésta duerme y se va volando con ella. El ave lo deja encallado en un inaccesible valle de serpientes gigantes y más aves Roj.
Bajo ellos, el suelo del valle está alfombrado de diamantes que los comerciantes consiguen lanzando enormes trozos de carne a las aves, las cuales vuelven a sus nidos con las piedras preciosas pegadas a la carne. Una vez allí los hombres las ahuyentan y recogen los diamantes. El astuto Simbad se ata un trozo de carne a la espalda y el ave lo lleva de vuelta al nido, llevándose una bolsa llena de piedras preciosas. Rescatado del nido por los comerciantes, Simbad regresa a Bagdad con una fortuna en diamantes, viendo muchas maravillas en el camino.
Inquieto y con ganas de viajes y aventuras, Simbad zarpa de nuevo desde Basora. Pero, por casualidad, él y sus compañeros llegan a una isla, donde son capturados por "un enorme gigante la semejanza de un hombre, de color negro... con los ojos como brasas de fuego, los dientes como colmillos de jabalí y una gran mandíbula como la boca de un pozo. Por otra parte, tiene labios como de camello, colgando hacia abajo hasta su pecho, las orejas caen sobre sus hombros y las uñas de sus manos eran como las garras de un león". Este monstruo, empieza a comerse a la tripulación, siendo el primer bocado, el maestro, que es el más gordo.
Simbad idea un plan para cegar al gigante con un hierro al rojo vivo y así, todos pueden escapar. Después de nuevas aventuras --entre ellas con una gigantesca pitón, de la cual Simbad escapa gracias a su rápido ingenio--, Simbad regresa más rico que nunca a Bagdad, donde "le dieron limosna y generosidad a la viuda y el huérfano, a modo de acción de gracias, por mi feliz regreso y se olvidaron todas las penurias, mientras que comía bien y bebía bien y me vestía bien, luego de todo lo que había caído sobre mí y todos los peligros y penurias que había sufrido".
Impulsado por la inquietud, Simbad se hace a la mar otra vez y, como de costumbre, naufraga. Se encuentra entre salvajes desnudos, caníbales que alimentan a sus presas con una hierba que los priva de la razón (similar a los frutos de los lotófagos) y los engorda para la mesa. Simbad se niega a comer las locuras de la inducción de las plantas y, cuando los caníbales han perdido interés en él, se escapa. Una tripulación de recolectores de pimienta lo lleva a una isla donde el rey se hace su amigo y le da una hermosa mujer como esposa.
Demasiado tarde Simbad descubre una peculiar costumbre de esa tierra: cuando uno de los casados muere, el otro es sepultado en vida con sus mejores ropas y joyas más costosas. La esposa de Simbad cae enferma y muere, eso deja a Simbad atrapado dentro de una caverna en una tumba comunal con una jarra de agua y siete piezas de pan. Cuando estos suministros escasos casi se agotan, otra pareja es arrojada a la caverna: el marido muerto y la mujer con vida. Simbad golpeó a la mujer con un hueso hasta causarle la muerte.
Prosiguen funerales similares, pronto Simbad tiene una importante reserva de pan y agua, así como de oro y joyas, pero no ha podido escapar; hasta que un día un animal salvaje le muestra un pasaje hacia el exterior, muy por encima del mar. Por allí pasaba un buque y lo rescata. Lo llevan de vuelta a Bagdad donde da limosna a los pobres y reanuda su vida de placer.
"Cuando yo había estado un tiempo en tierra después de mi cuarto viaje, y cuando, en mi comodidad y los placeres llenos de posibilidades y en mi alegría de mis grandes ganancias y beneficios, me había olvidado de todo lo que había padecido de peligros y sufrimientos, el carnal hombre fue cautivado una vez más con el anhelo de viajar y ver a los países extranjeros y las islas". Simbad al poco tiempo se halla en el mar una vez más y cuando pasa por una isla desierta, la tripulación de Simbad encuentra un gigantesco huevo que Simbad reconoce como perteneciente a un ave Roc. Por curiosidad, el buque desembarca para ver el huevo, sólo para terminar rompiéndolo y utilizando al pollo como comida. Simbad reconoce inmediatamente la locura de su comportamiento y ordena que todos suban a bordo.
Sin embargo, los padres Rocs, enfurecidos, pronto se dan cuenta y tratan de destruir el buque, dejando caer rocas gigantes que portan en sus garras. Naufragando una vez más, Simbad es esclavizado por el Viejo del Mar, que cabalgando sobre sus hombros con sus piernas torcidas, rodea el cuello de Simbad y no lo deja escapar. De día y de noche, cabalga sobre él: Simbad vería con agrado su muerte.
Finalmente, Simbad elabora vino y convence al Viejo del Mar de que lo beba. Cuando el Viejo del Mar se descuida, después de haberse emborrachado, Simbad lo mata y escapa. Un barco lo lleva a la ciudad de los simios, un lugar cuyos habitantes pasan cada noche en embarcaciones, mientras que su ciudad se abandona a la merced de unos monos antropófagos. Sin embargo, mediante un ingenioso truco, Simbad va recuperado su fortuna a través de los simios y encuentra un barco que lo lleva, una vez más, a Bagdad.
"Mi alma anhela los viajes y el tráfico". Simbad naufraga una vez más, esta vez de forma tan violenta, que su buque se esfuma en pedazos por acantilados de gran altura. Sin alimentos por ninguna parte, los compañeros de Simbad mueren de hambre, hasta que sólo él queda vivo. Descubre un río y construye una balsa, que pasa por una caverna, debajo de los acantilados. El arroyo parece estar lleno de piedras preciosas y se percata de que en la isla hay más, de iguales características.
Simbad se queda dormido por los viajes a través de la oscuridad y se despierta en una ciudad donde "los diamantes se encuentran en sus ríos y las perlas están en sus valles". El rey se deslumbra con lo que Simbad le relata acerca del gran Harún al-Rashid y le pide que lleve un regalo de vuelta a Bagdad en su nombre, una copa tallada de un solo rubí, con otros obsequios, como "una cama hecha de la piel de la serpiente que se tragó al elefante", "cien mil mithqales de lignáloe de Sind", y una niña esclava "brillante como la Luna". Y así, Simbad regresa a Bagdad, donde el Califa hace muchas preguntas por los informes que Simbad le da de las tierras de Ceilán.
El siempre inquieto Simbad zarpa una vez más, con el resultado habitual. Solo en una tierra desolada, Simbad hace una balsa, navega por un río y llega a una gran ciudad. El jefe mercader une a su hija con Simbad y los nombra sus herederos y, convenientemente, muere. Los habitantes de esta ciudad se transforman una vez al mes en aves y Simbad se sube a una de las personas-aves, que le lleva hasta la parte superior del cielo, donde escucha a los ángeles que glorifican a Dios: "me asombraba y exclamé: ¡Alabado sea Alá! ¡Alabar a la perfección de Alá!". Pero antes de terminar estas palabras llega un fuego del cielo, que consume a los hombres-aves. El hombre-pájaro sobre el que viaja Simbad se enoja con él y lo deja sobre una montaña, donde se reúne con dos jóvenes sirvientes de Alá que le dan una vara dorada para que rescate a uno de los hombres pájaro de las fauces de una gigantesca serpiente.
Al regresar a la ciudad, Simbad se entera a través de su esposa de que los hombres-pájaros son demonios, aunque ella y su padre no son de su especie. Y así, a sugerencia de ella, Simbad vende todas sus posesiones y regresa con ella a Bagdad, donde por fin decide vivir tranquilamente disfrutando su riqueza, sin buscar más aventuras.
(Burton incluye una variante del séptimo cuento, en la cual Haroun al-Rashid le pide a Simbad llevar un regalo al rey de Serendib. Simbad responde: "Por dios el Omnipotente, oh, mi señor, he tomado una aversión a los viajes y cuando oigo la palabra 'viaje', mis extremidades tiemblan". Luego le platica al califa de sus desafortunados viajes; Haroun concuerda en que, con historia de ésas, sólo él tiene el derecho de decidir sus viajes. Sin embargo, un comando del califa lo convence y se organiza el séptimo viaje de Simbad, su único viaje diplomático. El rey de Serendip está muy complacido con los regalos, que incluyen, entre otras cosas, la bandeja de comida del rey Salomón. En el viaje de vuelta ocurre la habitual catástrofe: Simbad es capturado y vendido como esclavo. Junto con su maestro le dispara a unos elefantes con arco y flecha, hasta que el rey de los elefantes le lleva al cementerio de los elefantes. El maestro se complace con las enormes cantidades de marfil que hay acumulado, y gracias a la habilidad del aventurero regresan a Bagdad con oro y marfil. "Aquí me fui para el califa y después de saludarlo y besar sus manos, le informé de todo lo que me había ocurrido; de lo cual se alegró por mi seguridad y dio las gracias al dios todopoderoso y ha hecho que mi historia sea escrita en letras de oro. Entonces me llevó a mi casa y se reunió con mi familia y hermanos y tal es el fin de las historias que me ocurrieron durante mis siete viajes.
Alabado sea Dios, el Uno, el Creador, el Creador de todas las cosas en el Cielo y la Tierra.

viernes, 4 de septiembre de 2015

LEYENDA



Una LEYENDA es una narración de hechos naturales sobrenaturales o mezclados que se transmite de generación en generación de forma oral o escrita. Generalmente, el relato se sitúa de forma imprecisa entre el mito y el suceso verídico, lo que le confiere cierta singularidad.

Se ubica en un tiempo y lugar que resultan familiares a los miembros de una comunidad, lo que aporta al relato cierta verosimilitud. En las leyendas que presentan elementos sobrenaturales como milagros, presencia de criaturas férricas o de ultratumba, etc., estos se presentan como reales, pues forman parte de la visión del mundo propia de la comunidad en la que se origina la leyenda. En su proceso de transmisión a través de la tradición oral las leyendas experimentan a menudo supresiones, añadidos o modificaciones que expresan un estado extraño, surgiendo así todo un mundo lleno de variantes.

Se define a la leyenda como un relato folclórico con bases históricas. Una definición profesional moderna ha sido propuesta por el folclorista Timothy R. Tangherlini en 1990: Contrariamente al mito, que se ocupa de dioses, la leyenda se ocupa de hombres que representan arquetipos tipos humanos característicos, como el del héroe o el anciano sabio, como se aprecia por ejemplo en las leyendas heroicas griegas y en las artúricas.

La palabra leyenda proviene del verbo latino legere, cuyo significado variaba entre escoger acepción de la que proviene elegir y leer. En el latín medieval, se usó el gerundio de este verbo, legenda, con el significado de algo para ser leído cuando el término se aplicaba, sobre todo en el catolicismo, a las hagiografías o biografías de los santos. Por ejemplo, Santiago de la Vorágine compuso su Legenda aurea como un santoral con la vida y milagros de unos 180 mártires y santos, aunque con tan poca precisión histórica y filológica y con unas etimologías tan fantásticas que poco a poco fue perdiendo crédito, salvo entre pintores e ilustradores fascinados por su imaginación, que estimuló la iconografía. Él se fundaba en los evangelios canónicos, los apócrifos y en escritos de Agustín de Hipona y Gregorio de Tours, entre otros.

Con la llegada de la Reforma Protestante del siglo XVI el término leyenda cobra su nuevo carácter de narración no histórica. Los protestantes ingleses presentan una nota de contraste entre los santos y mártires "reales" de la reforma, cuyos relatos "auténticos" figuraban en El libro de los mártires de John Foxe, y los fantasiosos relatos de la hagiografía católica. De esta forma, la leyenda gana su connotación moderna de narración indocumentada y espuria. Es muy probable que, en lengua española, la moderna concepción de leyenda y de lo legendario haya sido tomada de estos modelos ingleses, especialmente desde 1850.

El término acaba englobando también a producciones literarias cultas que, aunque se inspiran en tradiciones populares o en motivos característicos de éstas, no son relatos tradicionales. Varios autores de este período escribieron leyendas literarias de este tipo tanto en prosa como en verso. Los más celebrados fueron el Duque de Rivas, José Zorrilla, Gustavo Adolfo Bécquer y José Joaquín de Mora.

Una leyenda, a diferencia de un cuento, está ligada siempre a un elemento preciso y se centra en la integración de este elemento en el mundo cotidiano o la historia de la comunidad a la cual pertenece. Contrariamente al cuento, que se sitúa dentro de un tiempo («Érase una vez...») y un lugar (por ejemplo, en el Castillo de irás ya no volverás) convenidos e imaginarios, la leyenda se desarrolla habitualmente en un lugar y un tiempo preciso y real, aunque aparecen en ellas elementos ficticios (por ejemplo, criaturas fabulosas, como las sirenas).

Como el mito, la leyenda es etiológica, es decir, tiene como tarea esencial dar fundamento y explicación a una determinada cultura. Su elemento central es un rasgo de la realidad una costumbre o el nombre de un lugar, por ejemplo cuyo origen se pretende explicar.

Las leyendas se agrupan a menudo en ciclos alrededor de un personaje, como sucede con los ciclos de leyendas en torno al Rey Arturo, Robin Hood, el Cid Campeador o Bernardo del Carpio.

Las leyendas contienen casi siempre un núcleo histórico, ampliado en mayor o menor grado con episodios imaginativos. La aparición de los mismos puede depender de motivaciones involuntarias, como errores, malas interpretaciones la llamada etimología popular, por ejemplo o exageraciones, o bien de la acción consciente de una o más personas que, por razones interesadas o puramente estéticas, desarrollan el embrión original.

Cuando una leyenda presenta elementos tomados de otras leyendas se habla de «contaminación de la leyenda».

jueves, 27 de agosto de 2015

ROCINANTE



ROCINANTE es el nombre del caballo de Don Quijote.

Según podemos leer en el famoso libro de Miguel de Cervantes Don Quijote de la Mancha, "Cuatro días se le pasaron en imaginar que nombre le pondría... y así después de muchos nombres que formó borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante, nombre a su parecer alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo".

Así pues, antes de lo que ahora era, piel y huesos, fue rocín que Don Quijote aún seguía viendo como "mejor montura que los famosos Babieca del Cid y Bucéfalo de Alejandro Magno".

domingo, 16 de agosto de 2015

DULCINEA DEL TOBOSO



DULCINEA DEL TOBOSO, mujer imaginaria y perfecta inspirada en la vulgar lugareña Aldonza Lorenzo, nunca aparece "en persona" en la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes. Sin embargo, su nombre aparece tantas veces en la obra, se la discute tanto, que a veces se habla de ella como si fuera un personaje.

Don Quijote, personaje principal, es un hidalgo caballero que decide salir en busca de aventuras. La tradición manda, según su confuso entender, que todo noble caballero tenga una dama en su corazón a quien dedicarle sus victorias.

Es decir, Aldonza Lorenzo es un personaje "verdadero" dentro del mundo ficticio de la novela. Dulcinea del Toboso es una mujer imaginaria, nacida de las lecturas y manías del protagonista, muy vagamente basada en la mujer "histórica".

Además, para aumentar el humor y dejar en ridículo en cuanto se pueda al protagonista, Aldonza no sólo está lejos, sino todo lo contrario de lo que la señora de un caballero debe ser. Es una labradora, fuerte, nada modesta ni limpia, de vida lasciva, y por más señas, morisca. Contrapuesta a la imagen idealizada que Don Quijote tenía de ella, se dice más adelante «dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha».

A lo largo de la obra Don Quijote describirá a Dulcinea como una joven «virtuosa, emperatriz de La Mancha, de sin par y sin igual belleza»... que, por lo demás, sólo existe en su imaginación. Cuando habla de ella a Sancho Panza, éste la identifica bien pronto ya que la conoce -- la conoce bien, y tiene más interés en ella que en su propia mujer. Sabe que es hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales. En la acción de la obra cervantina nunca aparece la verdadera Aldonza Lorenzo, aunque la figura de Dulcinea del Toboso es fundamental para la vida caballeresca de Don Quijote.

En la Segunda Parte de la obra, bastante diferente de la Primera, Dulcinea es tema central. Don Quijote, aunque sabe que no existe, va a El Toboso para visitarle. Está loco. Sancho Panza, que ya se ha dado cuenta de este hecho, y no quiere que sus carnes sufran más a causa de su señor, toma un papel más activo que en la Primera Parte. Dice que ha encontrado a Dulcinea, pero cuando Don Quijote llega a ver a esta dos veces imaginaria Dulcinea inventada por Sancho, lo que percibe es una labradora maloliente y hombruna. Se atribuye a un supuesto "encantamiento". Por toda la Segunda Parte, Don Quijote busca cómo desencantar a su amada. No lo consigue nunca.

jueves, 28 de mayo de 2015

MI NOVELA "ENTRE LOS CASCOS DEL AZABACHE"

Cuentos con valores humanos para lectores de ocho a ochenta años, con historias amenas y divertidas que apoyan la formación de los jóvenes.

“ENTRE LOS CASCOS DEL AZABACHE”



Cuando el humano piensa en sus orígenes y analiza su Cosmogonía, aplica los conocimientos de su religión o sueña en la mitología de sus antepasados.

En el norte de México, en 1930, se vive una aventura entre dos jóvenes que conocen a un indígena Kikapú, descendiente de un jefe de la tribu Sioux que vivió en el siglo XIX.
Reconocido por su propio pueblo como un dirigente visionario y valiente.

Comprometido con la preservación de las tradiciones y los valores que caracterizan al hombre.

Pero sobre todo lo que su cultura le ofrece a través de la Cosmogonía y la manera de ser y de pensar de su tribu.

Estos valores caracterizaron a “TASHUNKA WITKO” (Caballo loco) como jefe de su tribu. Se vuelven a presentar cincuenta años después, en la confluencia de los estados de Chihuahua, Coahuila y Durango a finales de la revolución Cristera.

lunes, 27 de abril de 2015

QUASIMODO



QUASIMODO es el personaje principal de la obra Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo.

Quasimodo era un niño jorobado que fue abandonado al nacer cerca de la catedral de Nuestra Señora de París, y habitaba en la catedral de Notre Dame, tocando las campanas. Supuestamente era hijo de una gitana. Sólo podía utilizar un ojo, ya que el otro lo tenía casi bloqueado por la deformidad de su rostro, y quedó casi sordo por el tañir de las campanas de la catedral, de los cuales él se encargaba y las cuales significaban todo para él, antes de conocer a la mujer gitana Esmeralda, de quien se enamora por ser ella la primera que le mostró bondad.

Quasimodo era odiado por el pueblo de París por causa de su deformidad, por lo cual posee un carácter tímido y retraído. Sin embargo, posee una gran valentía, astucia y un corazón noble. Antes de Esmeralda, la única persona importante para él era el archidiácono Frollo, quien lo adoptó cuando fue abandonado en la catedral entre los niños expósitos.

Durante las acciones más importantes de la novela, él aún no ha cumplido los veinte años. Víctor Hugo lo describe físicamente como un hombre de gran tamaño y fuerza y una gran agilidad a pesar de sus defectos físicos, la cual podría ser el producto del ejercicio que realiza constantemente trepando por las torres de Notre Dame y los techos de los alrededores, si bien no sale mucho de la catedral. Su cabello es muy rojizo y, si bien no se lo aclara en el libro, se ha interpretado que sus ojos podían ser azules. Por esto se cree que tal vez no era hijo de una gitana, sino que había sido raptado por una o, quizás, dejado a su cuidado.

El final de Quasimodo es sumamente dramático: cuando ve, desde lo alto de Notre Dame, que Esmeralda es asesinada y él no podrá llegar a tiempo para salvarla, su alma se entristece y decide morir junto a ella después de asesinar al cruel archidiácono que la asesinó.

Una de las características más importantes sobre él es el cariño que siente por la catedral de Notre Dame de París, en donde vive. Víctor Hugo describe esta relación como si el campanero y la catedral fueran una sola alma unificada. Es allí en donde Quasimodo tiene su refugio del mundo que lo repudia injustamente.

Es sin duda uno de los personajes más importantes en la literatura francesa y la literatura en general. Su historia ha llamado la atención de diversos directores que han adaptado Nuestra Señora de París al cine. Incluso Disney hizo en los noventa su propia versión de la historia, llamada El jorobado de Notre Dame, en donde se resalta el lado sensible y el buen corazón del personaje. Esta película infantil revela la pureza en el alma de Quasimodo, adornando al personaje con buenas actitudes, además de modificar el final de la obra, encontrándose Quasimodo y Esmeralda vivos.

miércoles, 1 de abril de 2015

CABALLO DE TROYA



El CABALLO DE TROYA fue un artilugio con forma de enorme caballo de madera que se menciona en la historia de la guerra de Troya y fue usado por los griegos como una estrategia para introducirse en la ciudad fortificada de Troya. Tomado por los troyanos como un signo de su victoria, el caballo fue llevado dentro de los gigantescos muros, sin saber que en su interior se ocultaban varios soldados enemigos. Durante la noche, los guerreros salieron del caballo, mataron a los centinelas y abrieron las puertas de la ciudad para permitir la entrada del ejército griego, lo que provocó la caída definitiva de Troya. La fuente más antigua que menciona el caballo de Troya, aunque de manera breve, es la Odisea de Homero. Posteriormente otros autores ofrecieron relatos más amplios del mito, entre los que destaca la narración que recoge la Eneida de Virgilio.

Por lo general, el caballo de Troya es considerado una creación mítica, pero también se ha debatido si realmente pudiera haber existido y fuera una máquina de guerra transfigurada por la fantasía de los cronistas. De cualquier manera, demostró ser un fértil motivo tanto literario como artístico, y desde la Antigüedad ha sido reproducido en innumerables poemas, novelas, pinturas, esculturas, monumentos, películas y otros medios, incluidos dibujos animados y juguetes. Asimismo, en épocas recientes, se han hecho varias reconstrucciones hipotéticas del caballo. Aunado a ello, ha dado origen a dos expresiones idiomáticas: «caballo de Troya»; es decir, un engaño destructivo, y «presente griego», algo concebido como aparentemente agradable pero que trae consigo graves consecuencias.

La guerra de Troya fue descrita por primera vez en los poemas homéricos y desde entonces ha sido contada por otros autores, antiguos y modernos, quienes han introducido variaciones y expandido la historia, pero el resumen del episodio del caballo es el siguiente:

“La guerra duraba más de nueve años cuando el más destacado guerrero griego, Aquiles, había caído muerto en combate. A pesar de haber cumplido las condiciones impuestas por los oráculos para la toma de la ciudad —traer a Neoptólemo, hijo de Aquiles, traer los huesos de Pélope y robar el Paladio—, los griegos no conseguían atravesar los muros de Troya.

En esta tesitura, el adivino Calcante observó una paloma perseguida por un halcón. La paloma se refugió en una grieta y el halcón permanecía cerca del hueco, pero sin poder atrapar a la paloma. El halcón entonces decidió fingir retirarse y se escondió fuera de la mirada de la paloma, quien poco a poco asomó la cabeza para cerciorarse de que el cazador había desistido pero entonces el halcón salió del escondite y culminó la cacería. Después de narrar esta visión, Calcante dedujo que no deberían seguir tratando de asaltar las murallas de Troya por la fuerza, sino que tendrían que idear una estratagema para tomar la ciudad. Después de ello, Odiseo concibió el plan de construir un caballo y ocultar dentro a los mejores guerreros. En otras versiones, el plan fue instigado por Atenea1 y también existe una tradición que señala que Prilis, un adivino de la isla de Lesbos, hijo de Hermes, profetizó que Troya solo podría ser tomada con ayuda de un caballo de madera.

Bajo las instrucciones de Odiseo o de Atenea, el caballo fue construido por Epeo el focidio, el mejor carpintero del campamento. Tenía una escotilla escondida en el flanco derecho y en el izquierdo tenía grabada la frase: «Con la agradecida esperanza de un retorno seguro a sus casas después de una ausencia de nueve años, los griegos dedican esta ofrenda a Atenea». Los troyanos, grandes creyentes en los dioses, cayeron en el engaño. Lo aceptaron para ofrendarlo a los dioses, ignorando que era un ardid de los griegos para traspasar sus murallas puesto que en su interior se escondía un selecto grupo de soldados. El caballo era de tal tamaño que los troyanos tuvieron que derribar parte de los muros de su ciudad. Una vez introducido el caballo en Troya, los soldados ocultos en él abrieron las puertas de la ciudad, tras lo cual la fuerza invasora entró y la destruyó”

El caballo de Troya es mencionado por primera vez en varios pasajes de la Odisea de Homero. Una de las veces sucede en el palacio de Menelao, quien ofrece un banquete de bodas para su hijo y su hija, que se casaban al mismo tiempo. En medio de la fiesta, llega Telémaco, quien buscaba noticias de su padre y toma asiento al lado de Menelao, acompañado de Pisístrato. Posteriormente, entra en la sala Helena. El grupo, entristecido, comienza a recordar la guerra de Troya, cuando Helena toma la palabra y cuenta sus recuerdos de la misma. Entonces Menelao confirma lo que ella había dicho, hablando del caballo:

“Sí, mujer, con gran exactitud lo has contado. Conocí el modo de pensar y de sentir de muchos héroes, pues llevo recorrida gran parte de la tierra: pero mis ojos jamás pudieron dar con un hombre que tuviera el corazón de Odiseo, de ánimo paciente, ¡Qué no hizo y sufrió aquel fuerte varón en el caballo de pulimentada madera, cuyo interior ocupábamos los mejores argivos para llevar a los troyanos la carnicería y la muerte! Viniste tú en persona —pues debió de moverte algún numen que anhelaba dar gloria a los troyanos— y te seguía Deífobo, semejante a los dioses. Tres veces anduviste alrededor de la hueca emboscada tocándola y llamando por su nombre a los más valientes dánaos y, al hacerlo, remedabas la voz de las esposas de cada uno de los argivos”

En otro pasaje, Odiseo pide al aedo Demódoco que narre la historia del caballo de Epeo creado con la ayuda de Atenea. El aedo contó el episodio desde el punto en que algunos argivos habían prendido fuego a sus tiendas de campaña y partido en sus buques, mientras que otros, entre los que estaba Odiseo, esperaban escondidos en el interior del caballo. Los troyanos llevaron el caballo dentro de su fortaleza, donde permaneció mientras decidían qué hacer con él. Unos deseaban destruirlo; otros querían llevarlo a lo alto de la ciudadela y precipitarlo sobre las rocas, mientras que otros preferían conservarlo como una ofrenda a los dioses. Optando por esta última alternativa, sellaron su destino:

“¡Demódoco! Yo te alabo más que a otro mortal cualquiera, pues deben de haberte enseñado la Musa, hija de Zeus, o el mismo Apolo, a juzgar por lo primorosamente que cantas el azar de los aqueos y todo lo que llevaron a cabo, padecieron y soportaron como si tú en persona lo hubieras visto o se lo hubieses oído referir a alguno de ellos. Mas, ea, pasa a otro asunto y canta como estaba dispuesto el caballo de madera construido por Epeo con la ayuda de Atenea; máquina engañosa que el divinal Odiseo llevó a la acrópolis, después de llenarla con los guerreros que arruinaron a Troya. Si esto lo cuentas como se debe, yo diré a todos los hombres que una deidad benévola te concedió el divino canto.

Así habló y el aedo, movido por divinal impulso, entonó un canto cuyo comienzo era que los argivos diéronse a la mar en sus naves de muchos bancos, después de haber incendiado el campamento, mientras algunos ya se hallaban con el celebérrimo Odiseo en el ágora de los teucros, ocultos por el caballo que éstos mismos llevaron arrastrando hasta la acrópolis.

El caballo estaba en pie, y los teucros, sentados a su alrededor, decían muy confusas razones y vacilaban en la elección de uno de estos tres pareceres; hender el vacío leño con el cruel bronce, subirlo a una altura y despeñarlo, o dejar el gran simulacro como ofrenda propiciatoria a los dioses; esta última resolución debía prevalecer, porque era fatal que la ciudad se arruinase cuando tuviera dentro aquel enorme caballo de madera donde estaban los más valientes argivos, que causaron a los teucros el estrago y la muerte.

Cantó cómo los aqueos, saliendo del caballo y dejando la hueca emboscada, asolaron la ciudad; cantó asimismo cómo, dispersos unos por un lado y otros por otro, iban devastando la excelsa urbe, mientras que Odiseo, cual si fuese Ares, tomaba el camino de la casa de Deífobo, juntamente con el deiforme Menelao. Y refirió cómo aquél había osado sostener un terrible combate, del cual alcanzó Victoria por el favor de la magnánima Atenea.

Más tarde, cuando el propio Odiseo se encuentra en el Hades buscando el consejo de Tiresias sobre su regreso a Ítaca, encuentra al fantasma de Aquiles, a quien le habla sobre su hijo, Neoptólemo:

Y cuando los más valientes argivos penetramos en el caballo que fabricó Epeo y a mí se me confió todo —así el abrir como el cerrar la sólida emboscada—, los caudillos y príncipes de los dánaos se enjugaban las lágrimas y les temblaban los miembros; pero nunca vi con estos ojos que a él se le mudara el color de la linda faz, ni que se secara las lágrimas de las mejillas: sino que me suplicaba con insistencia que le dejase salir del caballo, y acariciaba el puño de la espada y la lanza que el bronce hacía ponderosa, meditando males contra los teucros.

miércoles, 25 de marzo de 2015

REY ARTURO



El REY ARTURO, también conocido como Arturo de Bretaña, es un destacado personaje de la literatura europea, especialmente inglesa y francesa, en la cual se lo representa como el monarca ideal tanto en la guerra como en la paz. Según algunos textos medievales tardíos, Arturo fue un caudillo britano que dirigió la defensa de Gran Bretaña contra los invasores, sajones a comienzos del siglo VI. Su historia pertenece principalmente al folclor y a la literatura, pero se ha planteado que Arturo pudo haber sido una persona real o, al menos, un personaje legendario basado en una persona real.

Las primeras referencias a Arturo se encuentran en las literaturas célticas, en poemas galeses como Y Gododdin colección de poemas elegíacos a los héroes del reino de Gododdin. El primer relato de la vida del personaje se encuentra en la Historia Regum Britanniae, Historia de los reyes británicos, de Geoffrey de Monmouth, quien configuró los rasgos principales de su leyenda. Monmouth presenta a Arturo como un rey de Gran Bretaña que derrotó a los sajones y estableció un imperio en las islas británicas. En su relato aparecen figuras como el padre de Arturo, Uther Pendragon, y su consejero, el mago Merlín, además de elementos como la espada Excalibur. También menciona el nacimiento de Arturo en Tintagel, así como su batalla final contra Mordred en Camlann y su retiro posterior a la isla de Ávalon junto con el hada Morgana, alumna de Merlín.

A partir del siglo XII, Arturo fue el personaje central de un conjunto de leyendas conocido como materia de Bretaña, en la que figura como personaje de numerosos romances en francés. Chrétien de Troyes añadió otros elementos esenciales a su leyenda, entre ellos la figura de Lanzarote del Lago y el Santo Grial. Después de la Edad Media, la literatura artúrica experimentó un cierto declive, pero resurgió durante el siglo XIX y continúa viva a comienzos del siglo XXI, tanto en la literatura, como en otros medios. De entre todas las versiones del relato, la más leída de las antiguas es La muerte de Arturo, de Thomas Malory, que es, en palabras de L. D. Benson, «la única obra literaria inglesa escrita entre Chaucer y Shakespeare que aún hoy en día es leída con renovado fervor y placer».

No existen testimonios arqueológicos fiables que permitan certificar la existencia histórica del rey Arturo. A finales del siglo XII, los monjes de Glastonbury supuestamente hallaron en una tumba una cruz con una inscripción latina que identificaba a los allí inhumados como Arturo y su esposa, Ginebra. Se trató, sin embargo, de un fraude relacionado con la Historia Regum Britanniae de Monmouth con la probable finalidad de aumentar la afluencia de peregrinos a la localidad. Recientemente, en 1998, el profesor Christopher Morris, de la Universidad de Glasgow, halló en Tintagel una pizarra con una inscripción, muy probablemente del siglo VI, que contiene el nombre latinizado «ARTOGNOU», que corresponde al céltico Arthnou. Sin embargo, no puede afirmarse que esta pieza constituya en modo alguno una prueba de la existencia de Arturo.

Dada la ausencia de testimonios arqueológicos, se hace necesario recurrir a las fuentes literarias. La idea de que Arturo fue una figura histórica real proviene principalmente de dos documentos medievales: la Historia Brittonum Historia de los britanos y los Annales Cambriae Anales de Gales. El primero data del siglo IX y el segundo del X. Ambos son, por lo tanto, fuentes considerablemente tardías, ya que, si Arturo realmente existió, habría vivido en el siglo VI.

La Historia Brittonum es una obra histórica del siglo IX escrita en latín y atribuida tradicionalmente a un clérigo galés llamado Nennius, aunque esta atribución ha sido puesta en duda. La obra menciona a un jefe militar dux bellorum llamado Arturo, que combatió contra los sajones, y explica que intervino en 12 batallas, de las cuales la última es la del Monte Badon, una importante victoria de los bretones en la que supuestamente Arturo habría matado con sus propias manos nada menos que a 960 enemigos.

Recientes estudios han cuestionado la fiabilidad de la Historia Brittonum como fuente histórica. Debe tenerse en cuenta que esta primera mención del personaje dista al menos tres siglos de la época en que presuntamente vivió.

Por otro lado, ninguno de los historiadores que escribieron sobre esta época con anterioridad, como Gildas, en el siglo VI, o Beda, en el VII, mencionan a Arturo. En concreto, Gildas se refiere también a la victoria de los bretones en Monte Badon, pero el jefe de los bretones que aparece en su crónica no es Arturo, sino Ambrosius Aurelianus.